NO PERMITA QUE LE ROBEN LA SEMILLA

Texto Principal: Marcos 4:3-8; Marcos 4:14-20

Introducción: Si no tenemos la Palabra de Dios en nuestra mentes y en nuestro espíritu, no podemos derrotar a satanás y sus demonios con la Palabra. El Señor Jesús quiere que disfrutemos de todas sus bendiciones; para ello tenemos que enfrentar a satanás con la Espada del Espíritu que es Palabra de Dios; el enemigo no prevalecerá si lo resistimos firmes en la fe. ¡Debemos saber quiénes somos en Cristo para comprender que somos más que vencedores en esta guerra espiritual! (Romanos 8:37).

I. LA PARABOLA DEL SEMBRADOR

En la parábola del Sembrador el Señor Jesucristo está hablando de la Palabra de Dios (Marcos 4:1-8).

  • Jesús enseñó que cuando recibimos una revelación -rehema- de la Palabra de Dios para aplicarla en cualquier área de nuestra vida, satanás viene inmediatamente para robar la semilla que ha sido plantada en nuestros corazones.
  • El Señor Jesucristo dijo que la tribulación y la persecución se levantan por causa de la Palabra. (Marcos 4:17) “… cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan”.

II. EL SEÑOR JESÚS EXPLICA LA PARABOLA DEL SEMBRADOR

(Marcos 4:14-20) “El sembrador es el que siembra la Palabra…”.

  • ¿Por qué satanás quiere robarnos la Palabra rehema plantada en nuestros corazones? Satanás sabe que si permite que la revelación de la Palabra de Dios permanezca en nuestros corazones, por esa misma Palabra, él puede ser derrotado. Jesús dijo que Satanás siempre viene cuando los discípulos oyen. (Marcos 4:15) “… en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones”.
  • Satanás puede robarnos la Palabra sembrada en nuestros corazones si cuando viene la tribulación o la persecución nos ofendemos y tropezamos.
  • La Palabra puede ser ahogada por los afanes de esta vida, el engaño de las riquezas o por los deseos pecaminosos.
  • Nosotros podemos permitir que la Palabra eche raíz y crezca si nos mantenemos fieles en la profesión de nuestra fe. (Hebreos 4:14) “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión de fe”.

III. ¿QUE HIZO ÉL SEÑOR JESÚS CUANDO ENFRENTO LA TRIBULACIÓN?

Cuando Jesús terminó de enseñar, le dijo a los discípulos que pasaran al otro lado del lago. Cuando entraron en la barca, Jesús se quedó dormido en la popa; entonces Satanás vino con los afanes de esta vida.

(Marcos 4:35-41) “¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”.

  1. Vino la tormenta. La tormenta fue una de las tribulaciones que Jesús había dicho que satanás traería tan pronto la Palabra fuera sembrada.
  2. Reacción de los discípulos. Ellos se ofendieron. “¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?” Se ofendieron porque Jesús dormía y no estaba asustado como ellos y lo acusaron de no preocuparse por ellos.
  3. Tenemos una opción cuando Satanás provoca la tribulación contra nosotros:
  • Podemos agradecer al Señor por advertirnos para que no ignoremos los esquemas de satanás y podamos reprenderlo. 
  • Podemos ofendernos, perder nuestro gozo y dejar que satanás nos robe la revelación de la Palabra
  • Cuando nos ofendemos y culpamos a Dios por las tormentas en nuestra vida, le permitimos a satanás que nos robe la semilla preciosa de la Palabra de Dios.

IV. ¿COMO RESISTIMOS AL DIABLO?

Se necesita una acción positiva de fe para guardar la semilla de la Palabra en nuestros corazones y esperar una gran cosecha de treinta, sesenta o aún cien veces de lo que fue sembrado (Marcos 4:40) “Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”.

  • Declaremos con autoridad la Palabra de Dios. En lugar de ofendernos cuando las tormentas de la vida vienen contra nuestra barca, debemos levantarnos contra el diablo y hablar valientemente la Palabra de Dios en fe. (Marcos 4:39) “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”.
  • Estemos permanentemente alertas. Aunque Satanás es un enemigo vencido, hará todo lo que pueda para evitar que caminemos en la autoridad que Dios nos ha dado. 
  • Debemos estar alertas, con la guardia en alto y listos para vencer los ataques del diablo (1 Pedro 5:8). 
  • La armadura de Dios. Por la fe, debemos ponernos la armadura de Dios para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:10-11,13).

Conclusión. Nuestra autoridad. ¡La obra de Jesús está completa! El Señor ya derrotó al diablo y a sus demonios. Él nos creó para que caminemos en autoridad. El Señor restauró a nuestra autoridad y ahora debemos levantarnos y demostrar que el diablo es un enemigo derrotado.

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