ÉL PUSO TODAS LAS COSAS BAJO SUS PIES

Texto Principal: Efesios 1-18-23

Introducción: Con su muerte en la cruz del calvario el Señor Jesucristo consumó nuestra redención y destronó a satanás y a todos los demonios. El Señor resucitó victorioso y el Padre lo exaltó hasta lo sumo sentándole en el trono.

  1. JESUCRISTO RESUCITÓ

El Señor Jesucristo como nuestro sustituto se identificó con nuestra naturaleza pecaminosa y como castigo sufrió la muerte en la cruz. Su cuerpo fue sepultado y su alma descendió al infierno para sufrir el castigo que nosotros merecíamos. 

  1. Él alma del Señor no se quedó en el infierno, tampoco su cuerpo quedó en el sepulcro; la supereminente grandeza del poder (dunamis) de Dios operó en Cristo resucitándolo cuando su cuerpo estaba en la tumba y su alma en el infierno. El poder, la habilidad de la Deidad operó en Cristo y lo levantó victorioso.
  2. Dios nos resucitó juntamente con Él (Efesios 2:4-6). La misma habilidad que operó en el cuerpo muerto de Jesús cuando fue resucitado a la inmortalidad, está obrando en nosotros (Romanos 8:11).
  3. La potencia de Dios está actuando en nosotros (Colosenses 1:29). 
  1. JESUCRISTO ESTÁ SENTADO EN EL TRONO EN LA MAJESTAD EN LOS CIELOS

El Padre exaltó al Señor Jesucristo resucitado. La exaltación del Señor Jesucristo es el resultado de su obra redentora. La exaltación de Cristo es absoluta.

  1. El Señor Jesucristo resucitado está sentado a la diestra del Padre “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero” (Efesios 1:21); (Hebreos 8:1); (Hebreos 12:2); (Hebreos 1:3).
  2. El Padre le dio toda potestad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Jesucristo es el Señor de sobre todo el universo.
  1. RESUCITAMOS JUNTAMENTE CON CRISTO Y ESTAMOS SENTADOS EN EL TRONO

Estamos en el Reino del Hijo. Somos los amos y los conquistadores (Efesios 2:6).

  1. Representativamente, nosotros estamos sentados en el Trono juntamente con Cristo. El es la cabeza del cuerpo, por lo tanto nosotros somos miembros de ese cuerpo. De modo que si la cabeza es exaltada, el cuerpo es exaltado con ella. Si a Él se le otorgó toda potestad; esa potestad le pertenece a la iglesia, su cuerpo, y es para aprovechamiento y beneficio de la iglesia.
  2. Si Él conquistó todas las fuerzas de las tinieblas y las dejó paralizadas y maltrechas antes de que se levantase de los muertos, es como si nosotros hubiéramos realizado esa poderosa obra. Todo esto se suma a nuestra cuenta (Efesios 1:22). 
  3. Nosotros somos su cuerpo, entonces todas estas influencias malignas y perversas están bajo nuestros pies. Nosotros somos los amos de todas esas potestades; Él no las derrotó para sí, Cristo las derrotó para nosotros. Él peleó el combate para nuestro bien. 
  1. Jesús nos redimió; derrotó a nuestro enemigo, y lo puso bajo nuestros pies. ¿Cuándo aceptaremos esto? Este conocimiento debe ser tan familiar y útil a todos nosotros.
  2. Nosotros somos la plenitud de Él (Efesios 1:22). La palabra «plenitud» del griego: «pléroma», que significa «completo», «perfecto» o cualquier otro sinónimo que sugiere plenitud. Nosotros recibimos de esa plenitud. Esa plenitud nos ha llenado.

Estamos en condiciones de superioridad sobre las fuerzas diabólicas. Ellas están bajo nuestros pies. 

(2 Corintios 2:14) `Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús».

  1. Pensemos en esta realidad: estamos sentados con Él en el Trono y podemos hacer lo mismo que Él hizo e hicieron los hombres y las mujeres que menciona la Biblia.
  • El Señor Jesús echó fuera demonios, sanó a los enfermos, aquietó el mar con la palabra. Él nos dio la habilidad para usar Su Palabra, Su propio Nombre que tiene toda la autoridad.
  • Pablo echó fuera el demonio de aquella muchacha en la ciudad de Filipos con sólo decirle: «En el nombre de Jesucristo, sal de ella» (Hechos 16:18). ¡Alabemos al Señor por esta habilidad!
  • Podemos actuar como Pedro junto a la puerta del templo llamada la hermosa, podemos decir: «En nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).
  1. LA SEGURIDAD DE LA REDENCIÓN ETERNA

No sólo fue una redención para el momento en que se efectuó, sino que Satanás está tan derrotado ahora como lo estuvo cuando Cristo se levantó de los muertos; y está tan sujeto al Nombre de Jesús como lo estuvo cuando el Salvador lo conquistó (Hebreos 9:12).

  1. Conscientes de la eterna y perfecta redención. Si estamos conscientes de la perfecta redención del dominio de Satanás, caminaremos con la misma seguridad con que Jesús caminó durante su vida terrenal. La seguridad proviene de saber que todo lo que hicimos alguna vez o todo lo que hayamos sido, dejó de existir en la «Nueva Creación». Todo nuestro pasado dejó de existir. Ahora comenzamos de nuevo.
  2. El diablo no tiene autoridad o derecho legal para reinar sobre nosotros. Somos amos absolutos de las fuerzas satánicas en el Nombre de Jesús.

Conclusión: Nosotros somos los amos de satanás y los demonios, los dominamos con la Palabra. Estamos reinando con Cristo. Nosotros somos los jefes y los vencedores. Las fuerzas de las tinieblas están llenas de maldad y de odio, y procuran hacernos la vida desagradable, pero nosotros somos los amo de esas fuerzas de maldad.

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