Dios jamás abandonó el ideal, el sueño que tenía para usted. Dios es amor y el amor jamás se da por vencido. Su amor entró en acción el mismo día que Adán y Eva pecaron. El encontró una forma justa y legal para restaurar de nuevo a la humanidad a una relación íntima con El.

Apóstol Enrique Torra . Marzo 10 /2019 Principios para una Vida Triunfante

El plan del amor de Dios terminaría con el azote de la muerte y restauraría a la vida en la humanidad.

¿Cuál fue este plan de amor de Dios y cómo podría restaurarle ante Él y absolverle legalmente de la pena y de la muerte que usted merecía por su pecado? La respuesta legal fue: “La sustitución”. Si alguien inocente de pecado pudiera tomar el lugar de la persona culpable y asumir el castigo pleno que sus pecados merecían, entonces esa persona culpable quedaría libre y sería restaurada en su amistad con Dios, como si jamás hubiera hecho ninguna cosa mala. Esa fue la idea concebida por el amor.

Ahora usted puede entender por qué Jesucristo vino al mundo y murió por usted. Juan 3:16 dice: “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que toda persona que en El cree, no se pierda, más tenga vida eterna”.

Dios dio a su propio Hijo para proveer un sustituto que no tuviera pecado. Cristo nació por medio de una concepción milagrosa. El Espíritu de Dios cubrió con Su sombra a una virgen y la semilla de la vida divina fue creada en su vientre. En esa forma, Jesucristo no nació de una simiente humana infectada por el pecado. El debía ser inmaculado no solo en Su concepción, sino también en Su vida entre los hombres para así poder ser nuestro sustituto.

Cristo como nuestro sustituto fue hecho pecado, con el fin de justificarnos y así restaurar nuestra relación con Dios en calidad de hijos legítimos de Él. La Biblia dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él” 2 Corintios 5:21.

Fue por la obra perfecta de nuestro amado Redentor, que todo ser humano que decide recibir a Cristo como su único y suficiente salvador, entra en la familia de Dios y disfruta de la plenitud de la vida Abundante de Dios. Deje entonces, de ser un esclavo y se conviértase en un hijo legítimo de Dios, libre y bendecido.

La Biblia dice: “Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” Gálatas 4:6-7.

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