Un mensaje, una multitud y cuatro resultados

Devocional Ministerio de Medios

Iglesia Cristiana PAI

Textos Guía: Mateo 13:1-23; Marcos 4:1-20 y Lucas 8:1-15

Una de las parábolas que el Señor Jesucristo utilizó para enseñar sobre el Reino de los cielos tanto a sus discípulos como a multitudes que se reunían a escuchar sus palabras fue la “Parábola del Sembrador”. Este mensaje, que encontramos consignado en tres de los cuatro evangelios de la Biblia (ver los textos guía), hace una analogía de las Buenas Nuevas de Salvación con un agricultor que dispersa semillas en un terreno, donde estas caen en cuatro lugares diferentes del suelo, que por sus características particulares producirán un efecto distinto en la semilla.

La semilla es la proclamación al mundo de que sólo a través de la obra redentora de Cristo Jesús en la cruz del calvario, es posible obtener la salvación, así como vivir una vida plena y abundante.

El primer tipo de suelo que es mencionado en esta parábola, corresponde a un camino o sendero cuya tierra se caracteriza por ser dura, impidiendo un contacto productivo con la semilla, además de estar expuesto a situaciones adversas como las pisadas de los jornaleros y la acción de algunos animales. Este suelo es comparado con el corazón de aquellos hombres y mujeres a los cuales llegan las buenas noticias de salvación, pero debido a su corazón endurecido no permiten que esta semilla tenga un contacto verdadero con ellos pues no la entienden pensando que es locura (1 Corintios 1:18) y pronto es pisoteada o robada por animales como las aves, que son una ilustración del accionar de Satanás con el fin de impedir que sean salvos.

El segundo tipo de suelo hace referencia a uno que contiene muchas piedras (pedregoso), esta clase de sustratos se caracterizan por ser secos (baja retención de agua) y contener pocos nutrientes. No obstante, la semilla que cae en este suelo puede germinar y desarrollar una pequeña planta con una raíz del mismo tamaño, pero que cuando es abrasada por el sol prontamente se seca y muere. Este caso es el de aquellos que al oír el evangelio de Cristo lo reciben prontamente y lo hacen con gran alegría pensando tener una vida sin problemas u obstáculos, pero una vez estos aparecen se dejan intimidar por los mismos volviendo atrás, a su antigua manera de vivir.

El tercer ejemplo de suelo que da el Señor Jesús es uno que contiene espinos o malas hierbas, en este la semilla cae, germina y empieza a crecer pronto de ella un planta vigorosa y saludable, pero llega un punto en el que el crecimiento de la misma, así como su belleza se ve entorpecido por el accionar de los espinos y las malas hierbas que robándole nutrientes evitan que la planta pueda seguir desarrollándose para finalmente dar fruto. La semilla que creció en este terreno representa a aquellos que han crecido en la fe del Señor pero en un momento el afán de la vida y las preocupaciones por el futuro obstaculizan su crecimiento, robándoles el poder dar un fruto verdadero en la obra del Señor debido a sus ocupaciones en asuntos distractores. Es aquí donde podemos recordar palabras como la mencionada en Mateo 6:33 donde se nos anima a buscar en primer lugar el Reino de Dios y su justicia pues una vez lo hayamos hecho, Dios mismo se encargará de proveernos de todo lo que necesitemos (Filipenses 4:19).

Finalmente, se nos presenta el cuarto suelo el cual es destacado en la parábola por ser una tierra buena, una que retiene el agua que activa la semilla, una que contiene los nutrientes necesarios para dar crecimiento a la planta hasta que pueda dar fruto, una que no tiene piedras u obstáculos que impidan que la raíz crezca y cada vez vaya más lejos en busca de más agua y nutrientes, una donde no hay espinos o malas hierbas que roban los nutrientes e impiden un desarrollo completo. Este último suelo representa el corazón de todos los hombres y mujeres que escuchan, entienden y guardan el mensaje de salvación, aquellos que a pesar de dificultades u obstáculos siempre ponen su mirada en Cristo Jesús (Hebreos 12:2) y siguen caminando como lo hacía el Apóstol Pablo hasta la meta del premio del supremo llamamiento de Cristo. Estos son creyentes que tiene una vida que da fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno.

Pregunta:

¿Qué tipo de suelo eres tú?

Si te identificas con el primer suelo, hoy te animo a que creas en la obra de Cristo, en su amor y salvación, que Dios Padre dispuso mediante la fe en Su Hijo. Si tal vez te identificas con el segundo y tercer suelo, hoy te aliento a que pongas tu mirada en el Señor Jesús y aprendas a depender de él, pues él tiene cuidado de los que le aman. Y finalmente, si tú te identificas con el cuarto suelo, mi anhelo es que sigas creciendo en la fe del Señor y que cada día puedas dar más fruto, cumpliendo el propósito de Dios para tu vida.

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