Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo 22: 37-38 RVR.

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio Infantil – Devocional Julio 20 /2019

En el Antiguo Testamento, hubo un hombre que se caracterizó por ser un hombre de fe, siendo un ejemplo a seguir para cada uno de los que tenemos que pasar por alguna dificultad, este hombre se llamaba Abraham, pero así como fue un hombre de fe, también se caracterizó por ser un hombre que amaba a Dios con todo su corazón, en realidad fue un ejemplo a seguir.

En el libro de Génesis, podemos ver que Dios le dijo a Abraham que debía dejar la casa en donde había nacido e ir a la tierra que Dios le mostraría, en donde iba a hacer de él una gran nación, este hombre sin pensarlo OBEDECIÓ lo que Dios ordenó y se fue con su esposa Sara.

Dios le había prometido que de él saldrían naciones de la tierra, ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra! Entonces Abraham obedeció a Dios e hizo lo que le indicó.

Pero, alguna vez te has preguntado ¿Por qué Abraham obedeció la orden de Dios?

La respuesta es simple, porque Abraham amaba a Dios y se complacía en obedecerlo.

Cuando el señor Jesús predicó en la tierra, Él nos enseñó que debemos amar a nuestro Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas y mente, siendo esté el mayor de los mandamientos, pero este mandamiento también se complementa con amar a nuestro prójimo, Jesús nos enseña, que debemos amar a nuestro prójimo, así como nos amamos a nosotros mismos, y nos enseña que si cumplimos estos dos mandamientos, no debemos por qué preocuparnos de los demás, Dios valora nuestro corazón y nuestros sentimientos.

¿Crees que es difícil obedecer este mandamiento?

En realidad, no es difícil, al contrario, es fácil mostrar nuestro amor hacia Dios, y la forma más fácil de demostrarle nuestro amor es obedeciendo su palabra, amando a nuestro prójimo, obedeciendo a nuestros padres.

En Santiago 4:7 dice que cuando nosotros resistimos a Satanás este huye como el cobarde que es.

¡Sonríe Cristo te ama!

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