TE BENDECIRÉ Y SERÁS BENDICIÓN

Texto Principal:  Génesis 12:1-3; Deuteronomio 28:1-14; 29:9; Proverbios 10:22; Isaías 3:10; Efesios 1:3.

Predicación Domingo 7 de Julio de 2019 – Apóstol Enrique Torra

Introducción: Nuestro Padre Dios es afluente, es el Proveedor y su mayor deleite es bendecirnos. Dios bendice la obra de nuestras manos. La palabra bendición en el idioma hebreo es ‘prosperidad’. Prosperar  quiere decir: Empujar hacia delante, éxito, lograr, pasar, avanzar, engrandecer. ‘Prosperidad’ es estar en paz sabiendo que se tiene todo lo necesario para triunfar en la vida. La prosperidad viene como resultado de la obediencia a la Palabra de Dios.

I. ¿QUE ES LA BENDICIÓN?

La bendición es el poder de Dios activado a través de Su Palabra para colmar a sus hijos de toda clase de bienes espirituales, físicos, familiares y económicos. La bendición es la fuerza de Dios que actúa poderosamente en nosotros para que prosperemos en todas las cosas.

  1. Bendecidos con toda bendición espiritual. Somos receptores de toda bendición. Efesios 1:3-14
  2. Bendiciones físicas. La bendición de la salud ya es una realidad en Cristo. El Señor Jesucristo llevó en Su cuerpo todas nuestras enfermedades, “por cuya herida fuimos sanados”. Isaías 53:4-5
  3. Bendiciones familiares. “La generación de los rectos –hijos de Dios- será bendita” Salmo 112:2; Génesis 12:3  “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.
  4. Bendiciones económicas. ““La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. Proverbios 10:22

II. CRISTO NOS REDIMIÓ DE LA MALDICIÓN DE LA LEY Gálatas 3:13; Deuteronomio 28:15-68

La maldición se expresa a través de las aflicciones y congojas que causan los padecimientos a la humanidad. 

  1. La maldición de la Ley. Esta maldición fue la que condujo a Cristo a la cruz.
  2. El Señor Jesucristo, justo y santo tuvo que pasar por el castigo que hubiera sufrido cualquier otro que hubiera caído bajo la maldición de la Ley.
  3. La maldición de la Ley expresada en Deuteronomio 28:15-68 afecta al transgresor causando la:
  1. Muerte física, espiritual y eterna-.
  2. Las enfermedades físicas, mentales y emocionales-.
  3. Pobreza, endeudamiento, fracasos en los negocios-.

III. ACTIVANDO EL PODER DE LA BENDICIÓN Josué 1:7-8

Josué es el hombre a quien Dios le confió la tarea de pasar el río Jordán junto con el pueblo de Israel y tomar posesión de la tierra prometida. La bendición del Señor estaba con Josué, ahora él tenía que activar el poder, la fuerza creativa de Dios en su vida. ¿Cómo activar el poder de la bendición de Dios?

  1. “Esfuérzate y sé valiente”. Esforzarse quiere decir: prevalecer ante la adversidad, ser insistente, predominar, prevalecer, resistir, vencer. Es decir:
  1. Seguir creyendo aunque las circunstancias sean adversas. 1 Tim. 6:12
  2. No abandonar lo que se ha iniciado si está en el propósito de Dios.
  3. Mantenerse firme. Efesios 6:10-11
  4. Obediencia a la Palabra de Dios Josué 1:8

El éxito viene como resultado de la obediencia a la Palabra de Dios, es decir, actuar conforme a los que Dios ha dicho en Su Palabra.

Obedecer es actuar sobre la Palabra de Dios. La gente que recibió los milagros fueron los que actuaron con base en la Palabra del Señor Jesús. El paralítico de Betesda Juan 5:8,9

  1. Declarar la Palabra de Dios. Josué 1:8 La palabra de fe activa el poder de Dios. “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley”. Confiese diariamente lo que cree. 

Lo que diga será hecho Marcos 11:23 Confieso, luego poseo.

  1. Piense en grande. Josué 1:8 “Sino que de día y de noche meditaras en él…” Meditar es hablar, susurrar, pensar, proferir, imaginar. Lo que usted siembre en su mente crecerá y creará las condiciones externas en que usted vive. Piense los pensamientos de Dios. “Paz, Felicidad, Salud, Abundancia, Éxito, Riquezas, Familia poderosa sobre la tierra”.
  2. Active el poder de Dios que está en usted Deuteronomio 8:18  Dios nos dio el poder para hacer las riquezas. Esta es una realidad ahora. 

Conclusión. Nuestro Padre Dios nos está formando para que cumplamos el propósito por el cual fuimos creados. El cambio se inicia en nosotros y no en los otros. En la medida que permitimos la renovación de la mente por la Palabra de Dios, y pensamos sus pensamientos, nuestro estilo de vida mejora.

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