«Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.» Josué 1:8.

Este es uno de los versículos más conocidos de las escrituras, sin embargo, en él hay una verdad que ha pasado desapercibida por muchos, quisiera que notáramos lo que dice en la parte final del versículo: «… Porque entonces HARÁS prosperar tu camino…»

Aquí hay un mensaje claro: Somos nosotros mismos quiénes hacemos prosperar nuestro camino, somos provocadores de milagros, Dios es la fuente de la bendición pero la fe sin obras es muerta, es necesario que nosotros entremos a la acción para que lo sobrenatural suceda, recuerden que para que el mar rojo se abriera en dos fue necesario que un pueblo caminara hasta sus orillas, de lo contrario el milagro no hubiera ocurrido; insisto en ello, nosotros somos quienes provocamos la manifestación del poder de Dios, somos nosotros mismos quiénes activamos el poder de Dios para que seamos prosperados, si miramos el contexto de Josué 1:8 notaremos que el Señor en varias ocasiones insta a Josué a entrar en acción: «Levántate y pasa este Jordán…», «Esfuérzate y se valiente…», «Solamente esfuérzate y se muy valiente…», «No te apartes…», «Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente…»

En conclusión, ser prosperados es decisión nuestra, recibiremos las bendiciones de Dios cuando nos determinemos a actuar con base en su palabra.

Oremos: Padre, gracias por las valiosas enseñanzas de tu palabra, hoy decido actuar con base en ella, renuncio a esa quietud que me impide recibir tus bendiciones, tuya es Señor toda la gloria y la honra, en el nombre de Jesús. ¡Amén!

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