Los momentos de tribulación están marcados por eventos que sacan a las personas fuera de su zona de confort; generalmente cuando el pensamiento esta descansado en la seguridad humana; es decir, se confía de su propia seguridad, y aun a sabiendas que Dios no nos ha de abandonar; y aun cuando estemos cumpliendo de la mejor forma y disposición en su obra y propósito; la Biblia dice que debemos estar preparados siempre, no nos dice que debemos estar confiados en nuestra seguridad, porque el enemigo merodea como león rugiente, así lo describe Pedro:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” 1 Pedro 5:8:10 (RVR 1960)

Pero un buen observador que atraviesa por un momento de tribulación, se da cuenta que es necesario que esto acontezca y además que no está solo en el mundo con tribulaciones; y que Dios atiende a nuestra forma de proceder ante las circunstancias, enseñando, perfeccionando, afirmando y fortaleciendo y llevando a una nueva posición y posesión.

Finalmente pues las tribulaciones se conocen también como crisis; y esta palabra es tan común en la sociedad, que solo se queja y asume generalmente posiciones de lastima y pesar por su momento; olvidando que el significado de crisis es un término griego  proveniente de Krisis, que significa yo decido y separo; y es que las tribulaciones permiten refinar y sacar las impurezas de nuestra vieja naturaleza, era lo que se utilizaba y se conocía como el crisol; mencionado por el sabio Salomón, para separar lo impuro de la plata y del oro; reconociendo que Dios era quien pesaba el corazón, al punto de ser refinado como el mismo metal preciado. Proverbios 17:3

Pablo lo menciona “la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” 1 Corintios 3:13 (RVR. 1960); ese fuego mencionado por el apóstol, representa la forma como pasa por el crisol los corazones frente a las tribulaciones.

De tal forma que las crisis o tribulaciones, alertan a las personas para dejar de vivir en el confort o la rutina, y le invita a optar por el camino de la elección conforme al corazón de Dios, estando alertas a toda situación o circunstancia y actuar correctamente.

La crisis es todo lo contrario a decidir u optar por aceptar un destino decadente e inevitable; es un espacio de decidir, separar, y optar por buenas alternativas conforme a los principios Bíblicos, basados en el resumen de la ley propuesto por Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Y Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22:37- 40.

Las herramientas están dadas: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” Efesios 6:13.

La certeza de no fracasar, es una realidad: “Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.” 2 Corintios 2:14 (RVR. 1960)

Y tenemos recompensas grandes por aceptar el triunfo y hacer frente y vencer las tribulaciones y las crisis. Apocalipsis 2:7; 2:11; 2:17; 2:26-27; Apocalipsis 3:5; 3:12; 3:21.

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