¿Qué diremos si la decisión del esposo es llevar a la familia al desastre?

Por Ap. Enrique Torra

La carga del hombre y de la mujer ha sido escogida de manera que caiga más pesadamente sobre las inclinaciones naturales de cada uno.

En el estado natural, el hombre y la mujer encuentran que la carga es verdaderamente una maldición. Si es inaguantable, no es de sorprenderse, porque debiera ser así. El yugo debiera ser tan pesado para ellos que no pudieran sobrellevarlo sin la ayuda de Dios. La carga de esta vida debiera compelerles a buscar a Dios.

Muchas personas que en otros casos manifestarían sensibilidad, tratan de forzar al matrimonio a funcionar de modo contrario a su naturaleza. Una persona que condujera su automóvil más allá de un barranco, esperando que éste volara, presentaría un cuadro ridículo, si es que no trágico; el volar es totalmente contrario a la naturaleza de un automóvil. Dios le ha asignado un cierto papel en el matrimonio a cada uno de los cónyuges. Estos papeles respectivos son una parte de la naturaleza básica del matrimonio. Ignorarlos, o inventar nuestros propios sustitutos, es buscar el fracaso matrimonial.

¿Qué diremos si la decisión del esposo es llevar a la familia al desastre? ¿No debe la esposa hacer algo cuando existe la amenaza de una situación semejante? ¿No hay límites, cualesquiera que estos sean, para este asunto de la sumisión? La Biblia dice: “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Colosenses 3:18.

Con toda claridad, el apóstol muestra que es propio o adecuado que la esposa esté sujeta a su marido. Sin embargo, aparece la implicación de que su obediencia debe ser en el Señor, esto quiere decir que no puede conducirla a algo que podría directamente denominarse pecado.

Esto no quiere decir que la esposa deba ir contra la autoridad de su esposo cuando meramente se trata de una diferencia de opiniones sobre un asunto relacionado con la vida espiritual de ella o de sus hijos.

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