PRINCIPIOS PARA UNA VIDA TRIUNFANTE

Los Ángeles anunciaron el advenimiento de Cristo: “tenemos buenas nuevas de gran gozo para cada persona, ¡He aquí os ha anunciado un Salvador!  Lucas 2:10-11.

Apóstol Enrique Torra – Principios para una vida triunfante – Julio 14/2019

Un Salvador ¿de que? ¿Del juicio en contra de nuestros pecados? Seguro que sí, pero también de la maldición del deterioro, el auto desprecio y la insignificancia; de la enfermedad, la dolencia, la pobreza, el fracaso, la mediocridad, la humillación, la desobediencia y la muerte. 

Cristo vino para salvar del negativismo de las religión que condena, desmoraliza, amenaza y niega la posibilidad al ser humano. Las religiones siempre han sido crueles, estimando que sus leyes son más sagradas que la vida de los seres humanos.

Una vez Cristo sanó un pobre hombre con una mano seca. El grupo de gente religiosa presente exclamó: ¡Esto no se debió hacer! ¡Que se quede con la mano paralizada! ¡El sábado debe respetarse! Marcos. 3:1-6, como podemos observar, estas personas le dieron más importancia a sus leyes y tradiciones religiosas que a la mano paralizada de aquel pobre hombre.

Jesucristo resucitó a un hombre muerto que tenía cuatro días en la tumba; la gente religiosa jamás glorificó a Dios, sino que tomaron consejo para matar a Jesús y así evitar que la gente le siguiera. La BIBLIA DICE: “Pero alguno de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”. Juan 11:46-48

Estaban tan preocupados por el control que mantenían sobre la mente del pueblo y el absolutismo de sus doctrinas religiosas que, inclusive, la restauración de la vida de un hombre que había estado muerto durante cuatro días no afecto su dogmatismo en lo más mínimo. Prefirieron ignorar el milagro y matar al Maestro antes que arriesgarse a perder la influencia manipuladora que tenían sobre la gente.

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