PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL

En el Antiguo Testamento y en la secularidad, el ser sacerdote, era algo ostentoso. Con Cristo, hoy en día es el cargo más importante del cristiano.  Hoy el cristiano está llamado a ser el sacerdote de su casa.

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Parejas – Devocional Agosto 21 /2019

Antiguamente, el sacerdote estaba llamado a ocupar un grado dignatario en el pueblo, y era quien presentaba ofrendas y sacrificios por los pecados conforme a la ley (Heb. 5:1-4). Jesús fue escogido como Sumo Sacerdote por el Padre, trayendo consigo un mejor pacto, llegando a ser autor de la salvación (Heb. 5:5-10) y gracias a ese nuevo pacto, Dios Padre, también nos escogió para ser sacerdotes, 1 Pedro 2:9: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (RVR 1960). 

Tal dignidad, dada por Dios, también nos compromete y nos exige conocer el corazón del Padre, para cumplir con los requisitos de ser mediadores, intercesores, líderes, guías, protectores, proveedores; porque, finalmente, somos hechos nuevos a Su imagen y Semejanza, y exige que así nos comportemos. Efesios 5:23 “Porque el esposo es cabeza de la esposa, como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo; y él es también su Salvador” (RVR. 1960). Este es un orden de lo que debe ser el sacerdote en su hogar, no sólo está indicado para los hombres sino también para las mujeres, el cual es guardar el propósito Divino en el matrimonio para fluir en relaciones de armonía, respeto y amor.

En esos deberes de sacerdotes del hogar, hay un frente que no se ha de descuidar y es el de la oración, “nuestra comunión con Dios” , es la forma de conseguir la bendición a través de la obediencia. Así como Cristo intercede por nosotros, el deber de nosotros de entrar a la presencia del Padre e interceder por los nuestros:  “ Hermanos, ahora podemos entrar con toda libertad en el santuario gracias a la sangre de Jesús, siguiendo el nuevo camino de vida que él nos abrió a través del velo, es decir, a través de su propio cuerpo.  Tenemos un gran sacerdote al frente de la casa de Dios.  Por eso, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos con agua pura. Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho.” Hebreos 10:19-23 (DHH)

El sacerdote que conoce a Dios, reconoce que a través de Cristo hemos alcanzado la bendición del Padre y cuando ésta nos ha alcanzado, también se encuentra en la posibilidad de bendecir a su familia en todas las áreas y, aún mayores cosas, hará de las que vio y creyó en Cristo; así lo manifestó Jesús, en Juan 14:12. Y es una promesa de Dios desde siempre, así lo evidencia Génesis 12:2-3: “Con tus descendientes voy a formar una gran nación; voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás una bendición para otros.  Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo.” (DHH).

En resumen, como cónyuges, somos llamados a cumplir el real sacerdocio primeramente en el hogar, intercediendo, mediando y bendiciendo, al mejor estilo de Cristo. 

“¡Vean qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!
 Es como el buen perfume que corre por la cabeza de los sacerdotes y baja por su barba hasta el cuello de su ropaje.
Es como el rocío del monte Hermón, que cae sobre los montes de Sión.
Allí es donde el Señor envía la bendición de una larga vida.”. Salmo 133 (DHH)

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