PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL. (Parte 8)

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PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL. (Parte 8)

Dios le habla a su creación, indicándole su deseo “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2 RVR. 1960) y esto se cumple en el seno del matrimonio, cuando se ha adquirido la personalidad del Espíritu, manifiesta en el hogar a través de los frutos de Él (Gal. 5:22-23), como se evidenció en la entrega anterior.

Devocional, Ministerio de Familias

Para vivir los principios de una vida conyugal, conforme al corazón de Cristo, es indispensable alinearnos a su pensamiento; y es que, así como proporcionó todo un entorno para vivir en su plenitud; después del pecado del hombre, viene en su amor, perdona y restaura la relación de la humanidad y el Padre; y aún más nos brinda las herramientas para mejorar la relación y cuidarla.

El diablo está como león rugiente al acecho: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1ª Pedro 5:8 (RVR. 1960). Y es que esta advertencia está fundamentada, en la identidad y el propósito del diablo; él busca “matar, robar y destruir” Juan 10:10, y este es el objetivo de él destruir los hogares.

Es necesario reconocer la estrategia que usa, es muy sutil para sembrarse y arroyar y devastar los hogares; se debe reconocer a partir de la relación con Dios, la comunicación, las relaciones interpersonales, las responsabilidades, los roles parentales, la economía, la salud, la cotidianidad.

El diablo busca, dañar la relación de las personas con Dios, es la primera puerta que ataca para cumplir su objetivo. A través del pecado busca filtrarse en el hogar, y lo hace a través de la cotidianidad, buscando influenciar sobre nuestra mente, y es que el pecado no es otra cosa que el alejamiento del hombre de la voluntad de Dios; es una trasgresión voluntaria de parte del hombre a los preceptos Divinos.

Debido al pecado sucede tres efectos:

Aleja de Dios, es de tener en cuenta que es el hombre quien se aleja de Dios; de acuerdo a Romanos 3:23 “Todos hemos pecado, y por eso estamos alejados de Dios” (TLA). El pecado es el sutil engaño que desvía al hombre inclinándolo a placeres pasajeros y desordenados, alejando a las personas de la bendición y la protección Divina “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” Jeremías 29:11 (RVR1960)

Destruye. Luego de engañar y alejar de Dios, el pecado empieza a carcomer a las personas en todas las áreas de la vida, especialmente la espiritual y la vida marital; recordemos que con el pecado se desencadenó, la culpa, el miedo, la vergüenza, la muerte (Génesis 3).

Devasta la relación con los demás. El pecado no solo trae la culpa, sino que hiere al otro, es una cadena que ata y destruye a los seres que se aman.

La única solución es Cristo; quien restaura la comunicación con el Padre, (1ª Timoteo 2:5) y ante las posibilidades de caer en la tentación de pecar, debemos estar atentos y acogernos en la cobertura del Espíritu Santo, para poder enfrentarlo, como lo recomienda 1 Pedro 5:9 “al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (RVR1960).

En la siguiente entrega hablaremos, la forma como el pecado, incide en las otras áreas de la vida, específicamente en la comunicación, y la forma como en Cristo se puede mejorar este aspecto de la vida marital, y lograr vivir los principios para la vida conyugal de una manera feliz, al modo de Dios.

Bendiciones.

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