PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL (34)

Una de las formas como el enemigo ataca a las familias, es a través de la soledad; siendo esta el ataque inicial y peligroso en las familias; por estar tan cercano, y ser tan común para la sociedad, que ha logrado permear la intimidad y la familiaridad y afectividad de los miembros del hogar.

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Parejas – Devocional Dic 12 /2019

Aun cuando se forman hogares, se ha dejado de lado la comunión, y esta implica la cercanía y la dedicación entre los conyugues y sus hijos. Estas responsabilidades delegadas por el Creador, a los padres; el hombre hoy en día la ha delegado a abuelos, tíos, hermanos mayores y hasta llegar a tercerizar esta tarea a través de los docentes, cuidadores y nanas o vecinos que se hacen cargo de las tareas del hogar ajeno. Pues la explicación no excusa tal conducta; y es que los padres de este siglo en su afán de ser proveedores, han olvidado la tarea completa y delegan las responsabilidades; omitiendo el principio Divino, tal como lo pidiese Dios, en Deuteronomio 6:6-7 “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (RVR. 1960).

Esta comunicación, que el creador, pide a los padres para criar hijos; es un acompañamiento constante, no solo de provisión sino de ejemplo, de disciplina, de moral, de ética, de trabajo, de responsabilidades y de seguir un legado familiar, para que se repita a través de las futuras generaciones.
Y es que, desde el principio, Dios ya había hecho saber que no era buena la soledad; “No es bueno que el hombre este solo”; ya había contemplado la necesidad de tener una cercanía y comunión entre sus hijos; Jesús lo manifestó en Mateo 18:20 “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (RVR. 1960).

Como padres, podemos evaluar y tener en cuenta los siguientes elementos que pueden ser un indicador de soledad o sentimiento de soledad en los hijos: Cansancio frecuente y sentintimientos de aburrición y/o depresión; sentimientos de desesperanza, fracaso y miedo o temor; insomnio; pereza e inactividad física. En cuanto a las manifestaciones fisiológicas se pueden evidenciar trastornos de ánimo, de alimentación y digestión, comportamientos de ingestas y o consumo de sustancias adictivas; que a la larga les complicará sus vidas, aislándolos por completo de la familia y de la sociedad.

El principio para evitar estas conductas está en la formación; no permitir que sus hijos crezcan solos. “El Señor afirma los pasos del hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano” Salmos 37:23-24 (NVI). Y si eso lo hace el Señor; así mismo quiere que estemos atentos de nuestros hijos en todo momento para cuando ellos requieran, nosotros que tenemos la semejanza de Dios Padre, hagamos lo mismo con nuestros hijos.

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