PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL (31)

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23 (RVR. 1960). Lo dijo el sabio Salomón, hace miles de años. En él estaba la inspiración Divina, y era el propósito manifestarle al hombre, que el tesoro más grande está en el corazón de su máxima creación “sus hijos”. 

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Parejas – Devocional Nov 19 /2019

Si la pareja vive en obediencia a la Palabra, Dios es fiel y ninguna cosa le ha de permear en contra de su hogar. Así lo manifiesta en Deuteronomio 7:9: “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones”. 

Y como pareja, se adquiere la responsabilidad de cuidar el corazón de su conyugue y el de sus hijos; y esto se logra desde la obediencia y el ejemplo, así como la formación y educación; tareas que han sido asignadas a los padres “Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas” Proverbios 22:6 (TLA). Y esto lo entendieron desde tiempos antiguos al sabio, por mandato de Dios, así lo hizo Abraham, con Isaac; y otros patriarcas replicaron el mandato, de replicar y sembrar en los corazones de los hijos conforme a Deuteronomio 6:4-9. Aun en los tiempos del rey David, en su lecho de muerte, tiene una conversación especial con su hijo Salomón, donde le brinda algunas directrices, para recibir la bendición de Dios, máxime cuando este sería su sucesor en el reino. 

En 1 Reyes 2:1-4; David, alienta a Salomón, para que sea “fuerte” y su comportamiento sea el de un hombre recto ante los ojos de Dios y de su pueblo; para el que sería su rey. En el contexto de este capítulo, podemos ver a un Padre, “David” que sentía lo que podría estar viviendo su hijo en su interior; una fuerte ansiedad por la responsabilidad y la exigente tarea, que tendría a su cargo; Salomón, ya había escuchado las proezas de su padre, frente al gigante opositor, desde antes de ser rey; de su popularidad, de su contribución importante para la victoria de Israel sobre los filisteos; de los sufrimientos, amenazas y persecuciones del cual fue víctima, conoció de los triunfos militares de su padre, y de la personalidad y carácter que lo distinguían, así como de sus errores como humano; pero sobre todo sabía de su relación íntima como hijo del Dios altísimo. Ahora David, se encuentra en su lecho de muerte y lo prepara, no solo para enfrentar su partida sino para el resto de su vida: “Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate y sé hombre.”

Esta inquietud generada en el corazón del padre por el corazón de su hijo; no solo se inclinaba para que fuese fuerte físicamente, sino que en su espíritu hubiese la fortaleza, en su carácter y personalidad; pero también un hijo, un hombre y un rey conforme al corazón y al deseo de Dios, es decir, un hijo obediente a los preceptos de la Palabra del Creador; David le estaba brindando la llave para entrar a vivir en el paraíso de las bendiciones de Dios “para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas”. Es el consejo, la directriz y la forma como David, cuidaba el corazón de su hijo sucesor; así mismo es la forma de cuidar el corazón de un hijo, el fiel mensaje, que los padres del presente siglo, deben enseñar a su descendencia; a fin de tener larga vida, y la de mil generaciones.

Hoy en día esos gigantes que tienen que enfrentar nuestros hijos e hijas; son diversos, dulces a sus oídos, y raudos para apoderarse de su corazón; Dios nos envía como padres, a hacer frente, cumplir con nuestra responsabilidad y batallar contra esos gigantes y proteger el corazón de nuestra descendencia a fin de que también alcancen las bendiciones de Dios, la vida abundante, siendo poderosos en la tierra y alcancen la vida eterna.

En nuestras próximas entregas, analizaremos esos gigantes que atacan en este siglo, para tener las herramientas y hacerles frente y derribarlos; a fin de cumplir con el deseo de Dios en 3 Juan 3:2.

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