PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL (28)

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PRINCIPIOS PARA LA VIDA CONYUGAL (28)

Recordemos que el deseo de Dios en su corazón, está el de bendecir a sus hijos y, a los hijos de los hijos, en fin, a todo aquel que quiera y decida formar parte de su familia. Así lo hizo saber Moisés en Deuteronomio 7:9 (LBLA) “Reconoce, pues, que el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda su pacto y su misericordia hasta mil generaciones con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos”.

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Parejas – Devocional Octubre 29 /2019

Observamos la semana pasada lo que contempla la bendición del Padre para sus hijos; y es aquí en donde empezamos a ver, que una familia en unidad con Cristo, es una familia poderosa en la tierra; y no solo aborda a los cónyuges, sino al fruto de su unión “los Hijos”. Y decíamos que en el matrimonio el secreto de llegar al corazón del Padre, es creerle y guardar su Palabra. A eso le llamamos hacer nuestra parte; que Dios se encarga de hacer lo suyo; y eso es Bendecir.

Cuando se cumple el propósito de Dios, llega parte de la herencia Divina “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre” Salmo 127:3 (RVR.1960).

Recordemos que uno de los propósitos del Padre para el matrimonio es: “Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla” Génesis 1:28ª. (LBLA).

Parte de la administración de esas bendiciones, en gran porcentaje, se direcciona al cuidado del hogar, especialmente a los hijos. Pues es en el seno del hogar, donde habita el Señor; lugar que debe preservar el corazón limpio y agradable al Padre, donde emerge la alabanza y la adoración; y esta se debe perpetuar a través de los hijos y las generaciones, para lograr alcanzar la misericordia y la gracia de Dios.

Corresponde a los Padres terrenales, el cuidado, la formación, la educación y la manutención, recreación y direccionamiento de los hijos; a fin de que no se extravíen de los caminos que llevan a la vida eterna. Y en este ejercicio Salomón, tuvo en cuenta la importancia del amor de los Padres, para que esto se lleve en los mejores términos: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” Proverbios 22:6 (RVR.1960). 

Este instruir, al que se refiere el sabio, no es otra cosa, sino, transmitir el amor de Dios para sus hijos y generaciones, afianzar el amor, que a través de la creación y del tiempo ha manifestado a Dios como Padre, y que ahora como conyugues, quiere que trasmitamos a las nuevas generaciones. 

En Dios, hemos reconocido que fuimos hechos a imagen y semejanza suya (Génesis 1:26). Por lo tanto, cuando decidimos entregarle la vida, el hogar y el matrimonio a su Señorío, tomamos nuevamente su ADN, y debemos transmitirlo, sembrarlo y cultivarlo en los hijos y generaciones. Ese ADN, contiene el Espíritu de Vida y de bendición, no solo para la eternidad, sino para administrarlo aquí en la tierra y cumplir el propósito Eterno.

Entender el propósito de Dios, implica tener una relación directa con Él, como familia, Padre e Hijo. A partir de esta entrega en la vida familiar, empezaremos a ver eso que Dios quiere que administremos como padres, como hijos y cosechemos los buenos frutos. Así lo manifestó: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” Jeremías 33:3 (RVR.1960).

Esta es una buena semana para ti y tu familia; Dios quiere bendecirnos y declaramos que vamos a administrar las bendiciones de Dios, conforme a su propósito.

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