Matemática Espiritual ($*10%=$♾)

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Jóvenes

Devocional Junio 04 /2019

Deuteronomio 14:22-26. Cada año deberán entregarle a Dios la décima parte de todo lo que ustedes cosechen y produzcan. ¡No fallen ni una sola vez! Entregarán la décima parte del grano que cosechen, y la décima parte del vino y el aceite que preparen. También le darán a Dios todas las primeras crías que hayan tenido sus vacas y ovejas.

Luego, en una ceremonia especial, ustedes comerán de esos productos. Por medio de esa ceremonia todos aprenderán a respetar y amar a Dios en todo momento. Celebrarán la ceremonia en el lugar que Dios elija para poner su santuario.

Pero si el santuario les queda muy lejos, y no pueden llevar la décima parte de todo lo que Dios les ha dado, harán lo siguiente: venderán esa parte y llevarán el dinero al santuario. Cuando ustedes y sus familias lleguen allá, comprarán con ese dinero toda la comida que necesiten: vacas, ovejas, vino, cerveza, y cualquier otra cosa. Entonces celebrarán una gran fiesta en honor de nuestro Dios.

Era un sábado en la tarde y mi mamá estaba cocinando en una fogata de leña improvisada una crema de tomate, la cual parecía ser el único alimento de ese día. Estábamos en una situación precaria, nos habían cortado los servicios públicos básicos, no teníamos mercado y mucho menos dinero.

Mi mamá muy preocupada por dicha situación le dijo a mi papá «no entiendo, ¿cuál es el motivo de tanta escasez? Estoy cansada con esta situación», a lo que mi padre respondió «¡amor no estamos diezmando, le estamos robando a Dios!».

Recuerdo que tanto mi madre como mi padre cayeron a una de rodillas y clamaron a Dios pidiéndole perdón por haberle robado por tantos años y entre llanto y súplicas tomaron la decisión de ponerse a cuentas con Dios y empezar de nuevo, sin omitir un solo detalle. Fue así como milagrosamente empezamos a salir de deudas y de la escasez que nos perseguía. Desde ese preciso instante en el que mis padres se humillaron ante Dios, reconocieron su falta y se arrepintieron de corazón, las puertas de los cielos fueron abiertas sobrenaturalmente y no volvimos a estar en escasez.

Aquí comprendí que las promesas de Dios son infalibles y que mis cálculos dan pérdida, pero cuando le doy prioridad a sus cálculos y a sus mandamientos el resultado de mis cálculos da una utilidad sobreabundante. Así que apréndete la fórmula $*10%=$♾.

Aunque con tus cálculos y tu lógica no alcance, con los cálculos de Dios alcanza y sobra. Él es tu proveedor y espera que le obedezcas aún cuando parece que no funcionará. Te invito a creer en su palabra y a obedecerlo. Sólo así podrás vivir en la sobreabundancia de Dios.

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