LLEVEMOS CAUTIVO TODO PENSAMIENTO PARA QUE SE SOMETA A CRISTO

Texto Principal: 2 de Corintios 10:3-5; Jeremías 4:14

Introducción: Quien quiera que controle su mente, controlará todo su ser. La mente es la arena donde se libran las grandes batallas de la vida. La Biblia dice que la “mentalidad carnal, es enemiga de Dios; porque no se sujeta a la Palabra de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8:7).

El argumento es un concepto lógico, razonable que se convierte en creencia y a la vez en una estructura pensante. Esa estructura pensante o fortaleza espiritual influye en las áreas física, moral, espiritual y económica de nuestras vidas. La Biblia dice: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne, porque las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 de Corintios 10:3-5).

I. SOMETAMOS NUESTROS PENSAMIENTOS A LA OBEDIENCIA A CRISTO 

  1. Fortalezas: La palabra fortaleza en griego es “parembole”, su definición es “lugar junto a”. La idea es que cada vez que la Palabra de Dios es predicada, la fortaleza que ha dominado la mente de esa persona, se pone junto a la palabra de Dios y hace resistencia y rechaza la palabra diciendo: eso no es así. 

a. Cristo dijo que el diablo vendrá y tratará de robarse la palabra de revelación que se ha plantado en el espíritu regenerado. La Palabra revelada tiene una tarea de destrucción y edificación (Lucas 8:12).

b. Otra definición de “parembole”  es “arreglo para la batalla”. Batalla contra la palabra de revelación.

2. Argumentos: Esta palabra viene de la palabra griega “logismós”. Lógico, razonable, razonamiento, arrogancia, pensamiento.

Logismós es arrogancia; es hacer inventario y rechazar la palabra revelada diciendo que eso no es así. La persona está pendiente a ver donde se equivoca el predicador para rechazarlo todo. 

3. Altivez: Es la palabra griega “supsoma” significa lugar elevado. Es decir, la persona dice que porque tiene todos los estudios lo sabe todo, es altivo y no oye. Estas personas son impenetrables. No aceptan la Palabra de Dios.

II. DERRIBE LAS FORTALEZAS MENTALES

Abraham identificó los nombres de los reyes que venían a luchar contra él. Él conocía la naturaleza del conflicto espiritual en que estaba envuelto y que tenía que enfrentarlo (Génesis 14:1-16). 

¿Cuáles son nuestro enemigos, que debemos vencer en nuestra mente?

  1. Espíritus de división. Hablador de cosas oscuras, divide con sus palabras, usa palabras amables para engañar a la gente. Ejemplo de ese espíritu en acción es el caso de Absalón. (2 Samuel 15:1-6).
  2. Espíritu de violencia. El rey David descubrió este espíritu en la gente. (Salmo 64:1-7). El espíritu de violencia controla a la gente que no manifiesta misericordia cuando se falla, son implacables, llenos de palabras violentas, que no temen hablar contra lo santo y lo sagrado.
  3. Concupiscencia: Desorden sexual, lujuria. Se manifiesta en la pornografía, el homosexualismo y las relaciones sexuales prohibidas por Dios (Santiago 1:13-14; 2 de Pedro 2:14)
  4. Espíritu de temor. (2 Timoteo 1:7). Temor al futuro, a las enfermedades y al fracaso. Dios dice: “No temas” (Isaías 41:10; Josué 1:9).
  5. Corrupción. Malas conexiones con el dinero. 
  6. Espíritu de enemistad, contienda y rencilla. La gente que no puede vivir en paz con nadie.
  7. Altivez. Soberbia, arrogancia. El altivo es el que habla mal en público para avergonzar a los demás.
  8. Espíritu de maldad. Se manifiesta para impedir la expansión que Dios declaró para su vida.

III. LAVE SU MENTE

Nuestro Padre Dios nos ordena que lavemos nuestra mente de toda maldad. “Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad? (Jeremías 4:14).

  1. Resista y derribe todo pensamiento de iniquidad y póngalo bajo sujeción a la obediencia a Cristo.
  2. Invoque la Sangre de Cristo y pídale al Espíritu Santo que la esparza en su mente (Hebreos 13:20-21; 1 Pedro 1:2)

Conclusión: Las fortalezas que controlan la mente, deben ser destruidas en el Nombre de Jesús. Es cuestión de decisión. Limpiar la mente es la tarea de todos nosotros.

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