Sumisión: San Pablo escribió: “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” Gálatas. 3:27-28.

Apóstol Enrique Torra Febrero 17/2019

Algunas personas han tomado este texto aislado como base para enseñar una indiscriminada “igualdad” social entre hombres y mujeres. Pero esto está lejos de lo que el apóstol quiso decir.

En su relación con Dios como sus hijos, en la comunión espiritual con Cristo, en la posesión del Espíritu Santo y en la vida ministerial y con el mundo superior, los hombres y las mujeres están en un pie de igualdad.

Sin embargo, ni una de las relaciones que Dios ha ordenado para este mundo entre el hombre y la mujer ha sido removida de su lugar.

Pablo estaba ciertamente lejos de predicar una igualdad política de todos los hombres, o una división de las posesiones terrenales a la manera del comunismo. Tampoco el apóstol Pablo está cambiando el orden de Dios en el hogar: el esposo es la cabeza y quien recibió la autoridad delegada de Dios para dirigir a su familia.

Hay un decreto firme e inalterable de Dios en la posición de hombres y mujeres. Fue establecido cuando fueron creados, y se encuentra en la naturaleza de ambos.No fue alterado por el cristianismo; está confirmado en el Nuevo Testamento. Sobre él descansa la armonía de un matrimonio cristiano. El reconocerlo parece bastante fácil. Sin embargo, es un problema que pocas parejas pueden resolver satisfactoriamente, y el fracaso en resolverlo es la causa de mucha infelicidad en la relación matrimonial. Nuestro Padre Dios nos ayude iluminándonos acerca de este principio de la sumisión y que nuestras voluntades estén dispuestas a aceptarlo.

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