Cuando una mujer vive bajo la autoridad de su esposo, puede moverse con gran libertad en las cosas espirituales.

Apóstol Enrique Torra Febrero 10/2019

Protegida de muchas de las artimañas satánicas que podrían afectarla, puede moverse con poder y efectividad en la vida de oración, y en el ejercicio de los dones espirituales.

Protegida de muchas de las artimañas satánicas que podrían afectarla, puede moverse con poder y efectividad en la vida de oración, y en el ejercicio de los dones espirituales.

La intención de Dios es que el esposo permanezca entre su esposa y el mundo, absorbiendo muchas de las presiones físicas, emocionales y espirituales que de otro modo vendrían contra ella.

Es el esposo, no la esposa, el principal responsable de lo que sucede en el hogar, en la comunidad y en la iglesia. Cuando él rehúye su responsabilidad, o cuando la esposa la usurpa, el hogar y la comunidad que rodea al hogar sufren las consecuencias.

Naturalmente surge la pregunta: ¿Qué es de la mujer soltera o de la viuda? ¿Cómo es que recibe ella protección? El Nuevo Testamento considera a la iglesia como la protectora de “viudas y huérfanos” Hechos 6:1; Santiago 1:27; 1 Timoteo 5:3-16.

Cuando una mujer no tenía la protección de un padre (o pariente varón), ni de un esposo, había de mirar a los dirigentes de la iglesia como su “cabeza” espiritual. De ellos debiera recibir consejos y protección espiritual. Sus necesidades materiales también habrían de llegar a ser preocupación de la iglesia local. Sería difícil concebir un arreglo más sabio para la mujer que no vive bajo la autoridad directa de un padre o un esposo.

La iglesia tiene el poder y la autoridad espiritual necesarios para constituirse en el escudo protector que una mujer necesitada. Y al encargar esta responsabilidad a un grupo (como los diáconos) lea Hechos 6:3, la situación podía ser manejada con mayor efectividad.

Sin mas reparos, la mujer debe estar bajo la autoridad de un varón, ya sea su esposo o su padre o en su defecto la iglesia local.

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