En el mundo la mujer está expuesta a ataques físicos, y por consiguiente necesita la protección de su esposo. Este es un hecho básico y fundamental de la existencia y se evidencia en toda edad y cultura.

Apóstol Enrique Torra – 27 Enero/2019

Sin embargo, la vulnerabilidad de la mujer no está limitada al nivel físico. Incluye también vulnerabilidad en el nivel emocional, psicológico y espiritual. También en tales casos necesita ella la protección y autoridad de un esposo.

Un vecino airado golpea con fuerza la puerta principal. Cuando la esposa sale a ver lo que sucede, el vecino suelta un torrente de quejas porque el cerco entre los patios de las dos casas ha sido seriamente dañado, y esto es con seguridad obra de sus hijos, y por consiguiente las reparaciones tienen que correr por su cuenta.

Le voy a informar a mi marido, es la respuesta de la esposa. Esta no es una manera de evadir la cuestión, sino que es la respuesta natural y adecuada de una esposa que vive bajo la protección y autoridad de su marido. Se acepta que ella esté libre de la carga emocional que se deriva del tener que representar la familia ante la comunidad.

Menos reconocida, pero todavía más importante, es la necesidad que tiene una esposa de ser protegida de los ataques emocionales de sus propios hijos. Una madre no debiera tener que rogar, ni mucho menos batallar, para conseguir el respeto de sus hijos.

Esto le roba el equilibrio que la capacita para mantener un espíritu de calma y dignidad ante sus tareas en el hogar. Es la responsabilidad del esposo proteger a su esposa de cualquier abuso que los hijos pudieran urdir contra ella. Si el padre alcanza a percibir la más leve falta de respeto hacia la madre, o la más pequeña falta de obediencia a la palabra de ella, debe poner atajo a la situación de una vez y con firmeza. Los hijos deben tener siempre presente que detrás de la madre está la autoridad del padre.

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