Una brillante esposa, que en un tiempo buscó un escape en actividades literarias, ha revelado recientemente su secreto para hallar satisfacción en la vida: “Es por medio de hacer lo que Jesús quiere que yo haga”  Ella agregó que Jesús puede cambiar nuestras actitudes; el puede cambiar las tareas rutinarias que antes eran desagradables y convertirlas en motivos de gozo.

Por Pastor Enrique Torra

“Si nuestra raíz está en Cristo, no en el esposo o la esposa; entonces tenemos libertad para ser personas dignas, buenos cónyuges”. 

Jesús hoy nos invita a llevar nuestras preocupaciones a la cruz, y a dejar la obra en las manos de Dios. La esposa que tiene su confianza puesta en Dios no está reprochando continuamente a su esposo por las faltas. Lo mismo con el esposo que necesita una respuesta de Dios respecto a la situación con su esposa.

Esposas, la sumisión es mucho más que una forma externa; es una actitud interna. Es más que colocarse un velo sobre la cabeza; es un corazón cubierto con un velo de honor y reverencia por su esposo. Cuidése de andar haciendo piadosas oraciones en público por el esposo “inconverso”. Si no esta praticando los principios divinos en su rol como esposa, dificilmente notará los cambios que quiere ver en su cónyuge.

No es poco común que la esposa aventaje a su esposo en cuanto a preocupación y previsión en los asuntos espirituales. Pero allí es precisamente en donde yace el peligro para una esposa. Ella usa esto como una excusa piadosa para revelarse contra la autoridad de su marido. A ella le parece que solamente si toma una activa “dirección espiritual” en la familia puede asegurar una adecuada crianza a los hijos y la eventual conversión de su marido. Bajo esa máscara de piadosa espiritualidad puede esconderse una gran cantidad de rebelión no santa. La Biblia dice: “engañoso es el corazón más que todas las cosas” (Jeremías 17:9). Aun más importante, no cumple el fin deseado, sino que en la realidad lo frustra. El esposo es ahuyentado de todo interés en las cosas espirituales. 

Por el contrario, en una actitud continua de sumisión la esposa tiene a su disposición un poder espiritual con Dios. “Así mismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1-2) -para con el marido-.

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