Dios le ha dado grandes talentos y habilidades a las mujeres. Su inteligencia es igual a la de los hombres, su vigor y aguante emocional a menudo son superiores. Dios no desea que las mujeres sepulten sus capacidades, sino que les den cauce.

Por Pastor Enrique Torra Julio 05/2020

La responsabilidad principal de una esposa es darse a si misma, su tiempo y su energía a su esposo, sus hijos y su hogar. Eso no significa que las mujeres no pueden tener cargos responsables como líderes y todavía estar en el plan de Dios. 

La verdad de las cosas es que Dios reservó honores especiales para las mujeres: fueron las que quedaron hasta lo último frente a la cruz, y las primeras en llegar a la tumba. Fue a una mujer, María Magdalena, a la que Jesús se le apareció primero después de su resurrección. 

El antiguo Testamento nos cuenta de María, que fue el instrumento para salvar la vida de Moisés mientras era todavía un bebé; Débora que dirigió a los israelitas en calidad de profetisa y juez; Ester, la reina valiente que salvó a su pueblo de la muerte. 

El Nuevo Testamento también nos habla de profetizas como Ana (una viuda), y las hijas (solteras) de Felipe, Lidia, una de las primeras convertidas bajo el ministerio de Pablo que era una mujer de negocios. Pero aquella que es “bendita entre las mujeres”, la mujer que ha recibido el más alto honor en todas las épocas, la madre de nuestro Señor Jesucristo, era una mujer sencilla que cumplió su misión como esposa y madre donde Dios la había colocado.

Sumisión, un medio de poder espiritual. Una esposa es más que madre, guardiana del hogar, cocinera, consejera y chofer. Ella no habrá de encontrar satisfacción para los anhelos más profundos de su corazón en las reuniones de padres de familia en el colegio de sus hijos, ni en las reuniones sociales. 

Por otra parte si su única fuente de felicidad yace en su esposo o en sus hijos, también está condenada a la frustración. Dios ha planeado las cosas de tal modo que sea imposible para el ser humano encontrar satisfacción verdadera sin tenerle a El. Una esposa que pone a Jesús en primer lugar será motivo de gozo para su “Señor y Salvador Jesucristo”.

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