¿Qué puede decirse del padre que rehuye su deber en cuanto a la instrucción moral y espiritual de sus hijos, con el fin de adquirir riquezas, o posiciones de honor a las cuales no esta llamado por el deber?


¿Quién le ha indicado que elija una condición en la vida que le impide cuidar del bienestar espiritual de sus hijos?

¿Quién puede justificarse por el hecho de estar yendo tras la ganancia y el éxito material en forma tal que no le queda tiempo para consagrar a su familia? 

Apóstol Enrique Torra – La Familia 

Nada sabe de su deber y dignidad de padre el que no esta listo para hacer cualquier sacrificio de tiempo o dinero con el fin de cumplir su responsabilidad como padre y cabeza de su casa. 

El cristiano aparta el Día del Señor para descansar de la actividad material; sabe que Dios habrá de bendecir la labor de los seis días de trabajo. Del mismo modo, un padre debe apartarse de su trabajo un rato cada día, con el fin de servir a Dios en sus hijos. Los frutos de esta ocupación serán una recompensa más dulce que cualquier otra ganancia. 

Al entregarse a tales obligaciones, él puede esperar con mucha mayor confianza la ayuda y protección que viene de arriba. El darse tiempo para sus hijos no significa que debe ponerse a disposición de ellos, e inmiscuirse en sus actividades, aun cuando de vez en cuando uno puede hacer esto. Pero es igualmente efectivo, y generalmente mas emocionante para el niño, el ser incluido en alguna actividad del padre. 

Por ejemplo, salir a practicar un deporte, o simplemente a comprar algo que se necesite para el trabajo o la casa. Estas maneras naturales de incluir al niño en sus actividades, estrechan los vínculos de cariño entre padres e hijos. 

La mayoría de los padres jamás pensaría en negar a sus hijos las cosas esenciales de la vida (buena comida, vestuario, atención médica adecuada, y educación). La verdad es que la tendencia actual es ir más allá de las meras necesidades. 

Hoy los padre tienden a errar por el lado de dar a sus hijos demasiados bienes materiales personales, demasiadas cosas que son de ellos, y esto es a menudo el pago de la culpa de no darse verdaderamente ellos mismos. 

La codicia natural de un niño debe estar sujeta a restricción y disciplina. Debe enseñársele que la prosperidad es motivo de agradecimiento, de generosidad a la obra de Dios, y para ayudar a los menos afortunados, pero no para ostentación simplemente.

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