Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.” Mateo 8:16-17.

Iglesia Cristiana PAI – Ministerio de Jóvenes Devocional Julio 2 /2019

Es complicado sentirnos calmados en momentos donde el enemigo nos ataca, y cuando son enfermedades, logra desestabilizarnos aún más. Recuerdo una época en mi vida cuando todo marchaba muy bien, me sentía confiado y feliz. Cuando de repente me enteré de una noticia trágica, mi abuelito tenía cáncer, y en aquella época esta palabra era utilizada como sinónimo de muerte.

En aquel momento recuerdo que discutía con Dios, siempre lo cuestionaba acerca del por qué había permitido que esta enfermedad entrara al cuerpo de mi abuelo. Y del por qué yo debía soportar esto, si tan solo era un niño con el sueño de compartir los mejores momentos con mi abuelo. Me sentía preocupado, triste, y con una rabia en mi corazón, por no entender cuál era la razón para que Dios quisiera quitármelo en este momento que disfrutaba tanto de él.

Al final mi abuelo partió a la presencia de Dios. Por algunos meses seguí cuestionando a Dios por lo sucedido, por un largo tiempo tenía un dolor cada vez que se conmemoraba una fecha especial; navidades, cumpleaños, año nuevo y demás no eran motivos de celebración sino de tristeza. Pero Dios me habló como su hijo amado; como muchas veces no me había hablado nadie y me hizo entender que mi abuelo estaba sufriendo más acá en la tierra, pues el dolor que le causaba era muy insoportable.

Y es que a veces como seres humanos, cuando enfrentamos una situación como ésta, nos olvidamos de lo que el Señor Jesús hizo y dice la palabra de Dios. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” Isaías 53:4. Muchas veces la desesperación nos domina y nos hace olvidar que Dios es el dueño de nuestras vidas y que Él llevó toda enfermedad, todo dolor en la cruz del calvario.

En este caso, aunque mi abuelo murió, Dios sanó el dolor que tenía y lo convirtió en una paz indescriptible, así que si hoy estas pasando por una enfermedad o un dolor por la pérdida o enfermedad de un familiar recuerda siempre que Jehová es el que te sana y da fortaleza y por sobre todo la paz que solo él da, pues él siempre está con nosotros y tiene un propósito para cada uno. Dios te Bendice.

JEHOVÁ- RAPHAH “Jehová que te sana.

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