El tesoro en vasos de barro

Texto Principal: Juan 17:22; 2 Corintios 4:7; 1 Tesalonicenses 5:23.

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Introducción: El tesoro es la Presencia de Dios. La gloria es la manifestación de la presencia de Dios con las señales, prodigios, maravillas y milagros. Dios es Dios de gloria. Contrario a lo que sucedió en el Antiguo Testamento, ahora la gloria de Dios está en nosotros, Su presencia mora en nuestro espíritu regenerado.

I. EL ORDEN JERÁRQUICO DE DIOS.

Cuando Dios nos creó, estableció el orden jerárquico de nuestro ser, es decir, la escala ordenada y subordinante según el criterio de mayor o menor relevancia. Somos seres tripartitos conformados por el espíritu, el alma y el cuerpo. El espíritu y el alma son la parte intangible, inmaterial y, nuestro cuerpo es la casa donde vivimos y a través del cual nos expresamos. Al respecto la Biblia dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” 1 Tesalonicenses 5:23 El orden original es:

  1. El espíritu humano gobernando el resto de nuestro ser;
  2. El alma subordinada al espíritu.
  3. Por la entrada del pecado, el espíritu humano murió espiritualmente, al perder la naturaleza divina que le había sido impartida en el momento de su creación. “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” Génesis 2:7.
  4. El espíritu humano no fue aniquilado, fue invadido por la naturaleza de la muerte, la naturaleza satánica y los seres humanos nos convertimos en hijos del diablo. Jesús dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer…” Juan 8:44.
  5. A partir de ese momento el alma dominada por el pecado tomó el control, y el espíritu quedó encarcelado, subordinado al alma, la “carne” Gálatas 5:16-17; “la ley del pecado” Romanos 7:15-23.

II. EL HOMBRE INTERIOR Y EL HOMBRE EXTERIOR.

La Biblia habla del hombre interior y del hombre exterior. “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” 1 Corintios 4:16 ¿Quién es el hombre exterior y el hombre interior?

  1. El hombre exterior no es el cuerpo. El hombre exterior es el alma, donde está el asiento de nuestra personalidad. El intelecto, las emociones y la voluntad.
  2. El hombre interior es el espíritu humano, donde Dios mora, donde su Espíritu se amalgama.

a. “Dios es Espíritu” Juan 4:24. Cuando aceptamos y Jesús como el Nuevo Señor y Salvador de nuestras vidas, nacimos de Nuevo. El Nuevo nacimiento –la regeneración- se efectuó en nuestro hombre interior, en el espíritu humano. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” Romanos 8:16.

b. Cuando Dios vino a morar en nosotros, Su Espíritu, vida y poder, entró en nuestro espíritu.

c. Por nuestra unión con Cristo, somos uno con la Deidad. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él” 1 Corintios 6:17.

III. EL PERFUME EN EL VASO DE ALABASTRO Juan 12:3; Mateo 26:6-13.

“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume” Juan 12:3. La Biblia menciona el ungüento de nardo puro La Palabra de Dios usa intencionalmente el adjetivo puro. El nardo puro se refiere a algo verdaderamente espiritual. No obstante, a menos que el frasco de alabastro (yeso) fuera quebrado, el ungüento de nardo puro no podía ser liberado.

  1. El gran precio lo tiene el perfume, vale más que el frasco. Es extraño que mucha gente valore más el frasco de alabastro que el ungüento. Muchos piensan que su hombre exterior es más valioso que su hombre interior. Este es el problema que enfrenta la iglesia en la actualidad.
  2. Es posible que valoremos demasiado nuestra propia sabiduría y pensemos que somos superiores. No somos admiradores de frascos de alabastro, sino que buscamos el aroma del ungüento.

CONCLUSIÓN: El vaso de alabastro representa el alma que ha mantenido encarcelado al espíritu (el perfume de nardo puro). Sometamos nuestra alma al espíritu donde la presencia, la gloria de Dios está lista a manifestarse. Considerémonos muertos al pecado y andemos en el Espíritu. Gálatas 5:24-25. El vaso de alabastro debe ser quebrado para que el tesoro, el perfume puro se manifieste.

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