EL QUITÓ NUESTROS PECADOS

Texto principal: Hebreos 9:23-26; Isaías 59:2

Introducción: La enseñanza medular del libro de los Hebreos es la de que Cristo quitó nuestros pecados. Bajo el Primer Pacto el pecado era “cubierto”. Lo mejor que un israelita tenía bajo el Primer Pacto era la sangre de los animales sacrificados para su expiación.

  1. EL PECADO EN LA HUMANIDAD

Cuando Dios creó al ser humano, lo creó para que disfrutara de relación íntima y comunión con Él. Los primeros años de vida de Adán y Eva en el Huerto de Edén entre Dios y ellos fueron de compañerismo, comunión y relación perfecta; hasta cuando el pecado entró en el hombre (Romanos 5:12) “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

  1. El pecado nos separó de Dios (Isaías 59:2) “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”.
  2. Por el pecado entró la muerte, la Biblia dice: “Pues por la transgresión de uno solo reinó la muerte…” (Romanos 5:17).
  3. Por el pecado vino la condenación a todos los hombres “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:18-19). Estábamos bajo condenación, sin esperanza y sin Dios en el mundo. (Efesios 2:12) “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos de los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”.
  4. El pecado trajo consigo el castigo. “Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23).
  5. No había nada que el hombre pudiese hacer para remediar su situación delante de Dios.
  1. LA EXPIACIÓN

En el Antiguo Testamento, Dios proveyó la expiación a través de la sangre de los animales sacrificados. La palabra “Expiación” significa “Cubrir”.

  1. El alcance de la expiación en el Antiguo Testamento fue cubrir los pecados del pueblo. “Pero estos sacrificios cada año se hacen en memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:3-4). Los cubrió, pero no los quitó.
  2. Estos sacrificios eran sólo figuras terrenales de las realidades celestiales, que requerían mejores sacrificios que la sangre de los animales.
  1. CRISTO DERRAMÓ SU SANGRE PARA LA REMISIÓN DE NUESTROS PECADOS

Remisión, gr, “Aphesis” que significa “enviar lejos”. La palabra “remisión” significa liberar de la esclavitud o de la prisión, despedida, perdón, con la cualidad adicional de cancelar.

  1. En el Nuevo pacto los pecados son quitados, remitidos. (Hebreos 10:18) “Pues donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el pecado”. El Señor Jesucristo se ofreció una sola vez y para siempre. (Hebreos 10:12).
  2. El Señor Jesucristo quitó nuestros pecados, los desapareció como si nunca hubieran sido. “… mas ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9:25-26).
  1. LA CONSUMACIÓN DE LOS SIGLOS

Lo que se interponía entre el hombre y Dios era la trasgresión de Adán. 

  1. Cristo fue nuestro sustituto. (2 corintios 5:21) “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. 
  2. El Señor Jesús hizo posible que Dios Padre remitiera legalmente todos los pecados que habíamos cometido, y nos impartiera la Vida Eterna, y nos hiciera la Nueva Creación. (2 Corintios 5:17-18) “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”.

Conclusión. Nuestra realidad es que ahora estamos libres de la culpa y de la pena a la que por causa del pecado estábamos sometidos. La Sangre de nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo, quitó nuestros pecados, ahora podemos disfrutar la vida abundante y de compañerismo con nuestro Padre Dios.

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