En ocasiones pasamos por momentos difíciles, donde detona nuestra ira con un familiar, amigo o conocido.

Devocional Ministerio de Jóvenes

Muchas veces no sabemos cómo controlarnos y lo único que logramos hacer es herir a esa persona que apreciamos o en ocasiones suele pasar lo contrario y salimos heridos nosotros. Solemos sentirnos con tanto dolor y hasta odio, que lo único que vemos es el instante en que sucedieron las cosas, y nos dejamos cegar por la rabia hacia esa persona. Muchas veces dejamos que pasen años sin sanar el dolor, y no nos damos cuenta que lo único que hacemos es amargar nuestra vida o hasta enfermarnos por no dejar ir estas cosas.

A mí también me ocurre esto y aun conociendo de Dios, paso por alto que Él es quien me puede ayudar. Lo bueno es que después de recapacitar y analizar la situación logro llegar a la conclusión que no me puedo quedarme con este rencor.

Efesios 4:32: «Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como Dios los perdono en Cristo».

En este pasaje Dios nos dice que nos perdonemos unos a otros, así como nuestro Padre nos perdonó, como contamos al inicio de esta historia, nos cegamos y dejamos que nuestras emociones nos invadan, pero es allí donde nuestro espíritu debe prevalecer y es cuando debemos ser conscientes que siempre necesitamos avanzar.

La mejor forma es dando un paso a la oración, y dejando que sea Él quien ayude a borrar esa ira, o enojo que sentimos por aquel prójimo que en algún momento nos hirió, recordando que Jesucristo derramó su sangre en la cruz como pago de mi redención.

Hoy te invito a que recuerdes que Dios nos perdona porque nos ama.

Comparte en redes sociales