DELINEEMOS NUESTRAS FAMILIAS CON LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO

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DELINEEMOS NUESTRAS FAMILIAS CON LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO

A todos los pastores, líderes y miembros de la Iglesia Cristiana PAI. Para todos los hijos de Dios redimidos por la Sangre de Jesucristo a donde quiera que se encuentren; salud y paz. A Él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Por Pastor Enrique Torra

Apreciados hermanos, todos somos conscientes de la situación que estamos viviendo en el mundo, lo que estamos viviendo no tiene precedentes. NO podemos caer en el pánico ni la desesperación por que el temor neutralizará la fe de Dios en nosotros y la incredulidad tomará el control y nos hundiremos.

¡LOS MOMENTOS DIFÍCILES NO PERDURAN… LAS PERSONAS FUERTES, SÍ!

Hoy estamos enfrentando a una de las plagas más letales y temidas en la historia contemporánea de la humanidad, no recuerdo precedente igual a lo que el mundo esta viviendo. El mundo está aterrorizado, el virus denominado Covid -19, ha causado hasta el momento miles de muertes en varios países. La incertidumbre es generalizada, se percibe en el ambiente la influencia del espíritu de temor, no solo en las personas no creyentes sino que también ha afectado la mente de muchos hijos de Dios.

El Señor Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Estos momentos difíciles que estamos enfrentando son inevitables; pero el Señor nos dice que confiemos –tengamos fe- en Él para que Su paz inunde todo nuestro ser.

Al leer las Sagradas Escrituras observamos que el pueblo de Dios en diferentes épocas ha pasado por situaciones muy difíciles, ya fuera por causa del juicio de Dios sobre la humanidad por causas de sus iniquidades –como en el caso de las plagas en la tierra de Egipto en los días de Moisés-, o como en otras ocasiones que las aflicciones se originaron por nuestro adversario, el diablo, usando a personas impías como Herodes quien procuró la muerte del Señor Jesús acabado de nacer, o cuando quiso acabar con la iglesia primitiva  maltratando y asesinando a sus líderes. La Biblia dice: “En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan” (Hechos 12:1-2) Herodes mando a arrestar al apóstol Pedro, lo tenía en el calabozo bien custodiado por la guardia ya que se proponía sacarlo al pueblo para luego ejecutarlo. ¿Logró Herodes lo que se proponía? Al leer los siguientes versículos del capítulo doce de los Hechos de los Apóstoles, vemos que no fue así. Dios mando a Su ángel como respuesta a la oración que la iglesia hacía y milagrosamente el apóstol fue liberado sano y salvo.

Una muestra de ello fue lo que el pueblo de Israel vivió en Egipto. Allí se estaba ejecutando el juicio de Dios sobre ese imperio esclavizador; había llegado el tiempo de Dios para la liberación de los esclavos israelitas. El corazón de Faraón estaba endurecido, por cuanto no quiso obedecer a la Palabra de Dios dada por boca de Moisés; entonces vinieron las plagas que hirieron a los egipcios. ¿Dónde estaba el pueblo de Dios cuando las plagas vinieron sobre la tierra? Ellos vivían en la misma tierra donde estaban los egipcios. ¿Las plagas hirieron al pueblo de Dios? No, Dios los guardó, ninguna plaga los afectó. De esa manera Dios cumplió Su Palabra en los hijos de Israel, “No les sobrevino ningún mal, ninguna plaga tocó sus moradas” (Salmo 91:10) Las dos últimas plagas que hirieron a los egipcios fueron la de tinieblas y la muerte de los primogénitos.

La plaga de tinieblas. “Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones” (Éxodo 10:21-23) Observemos esto: “mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones”. La plaga de tinieblas no afectó a ningún  israelitas. ¡Gloria a Dios!

La muerte de los primogénitos. “Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la media noche yo saldré por en medio de Egipto. Y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias. Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá. Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis qué Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas” (Exodo 11:4-7) .

Dios hizo diferencia entre los egipcios y Su pueblo, amén. Ninguna plaga toco a los hijos de Dios, por el contrario, de esa situación agobiante, salieron fortalecidos, fueron restituidos, los egipcios  tuvieron que pagarles todos los salarios atrasados de todos los años que ellos sirvieron como esclavos. Dios le dijo a Moisés: “Habla ahora al pueblo, y que cada uno pida a su vecino, y cada una a su vecina, alhajas de plata y de oro… Y Jehová dio gracia al pueblo en los ojos de los egipcios, y les dieron cuánto pedían; así despojaron a los egipcios” (Exodo 11:2-3) (Exodo 12:36) .

La sentencia sobre los primogénitos se ejecutó por parte de Dios. Esa noche el espíritu de la muerte hirió a todos los primogénitos tanto de hombres como de los animales. “Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sentaba sobre su trono hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y todo primogénito de los animales” (Exodo 12:29).

¿Qué paso con los primogénitos de los hijos de Israel? Ninguno de ellos sufrió la muerte. ¿Por qué fueron protegidos? Dios les dio las instrucciones. En primer lugar Dios les ordenó celebrar la Pascua, es decir, cada familia debía sacrificar un cordero, comer la carne del cordero asada con panes sin levadura y la sangre del cordero inmolado debía ser puesta en los dos postes y en el dintel de las casas. “Y tomarán la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las puertas en que lo han de comer… Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto… Y los hijos de Israel hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado” (Exodo 12:7,13,28).

Los israelitas aplicaron la sangre y recibieron paz en su mente y descanso en su corazón. La sangre del cordero inmolado se llevó todo temor y los protegió de la plaga de la muerte. Lo que los rescato no fue la buena voluntad ni la fe, fue primeramente la línea de la sangre del cordero sacrificado aplicada en sus vidas y familias.

Lo mismo con la sangre de Jesús. Es efectiva contra las inundaciones de poder satánico si se aplica con fe. La aplicación apropiada de la sangre a una situación si el creyente la aplica desde una posición sin mancha y en justicia, trae liberación y sanidad. La sangre del cordero aplicada sobre el dintel se sus casas fue el cerco de protección para cada familia de los hijos de Israel.

La sangre es un cerco que detiene al devorador. Dios construyó un cerco de protección sobre Job por mucho tiempo, esto limitó a satanás. El diablo no puede traspasar la línea de la sangre. La Biblia dice: “Respondiendo satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto sus bienes han aumentado sobre la tierra” (Job 1:9-10). Hoy Dios hace lo mismo por cualquiera de sus hijos que aplique la Sangre preciosa del Señor Jesucristo sobre sus vidas, familia y bienes ante cualquier situación.

¿Cómo rociamos la Sangre de Cristo?  Apropiándonos de ella por la fe y declarándola, entonces, el Espíritu Santo la esparce sobre nuestras vidas y familia. La Biblia dice: “a Jesús el Mediador del Nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24); “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 Pedro 1:2).

La Sangre del Señor Jesucristo está viva, es poderosa y eficaz. Tracemos una línea con la Sangre que nuestro amado Salvador derramó en la cruz del calvario. Por la fe y la declaración del poder de Su Sangre, ninguna plaga de mortandad tocará nuestras familias.

Y ESTA ES LA VICTORIA QUE HA VENCIDO AL MUNDO, NUESTRA FE (1 Juan 5:4)

El temor frente a la tempestad.

¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo, no tenéis fe? (Marcos 4:40). En aquella ocasión los discípulos estaban enfrentando una tempestad que amenazaba sus vidas. Realmente el problema no era la tempestad, el problema de los discípulos consistió en no liberar la fe a través de la confesión de la Palabra de Dios. ¿Ellos tenían fe? De acuerdo con lo que dicen las Sagradas Escrituras, si tenían fe. Ellos la habían usado para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios de las personas atormentadas según (Marcos 6:13-15) (Lucas 10:17) Pero la fe ahora había sido eclipsada por el temor.

La fe es persuasión, certeza, seguridad, confianza y convicción. La fe de Dios nos “viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17) “Porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4) “Que, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?… Antes en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:31,37).

Dios es íntegro, Omnipotente e inmutable. La Palabra de Dios es íntegra e inmutable y tiene la habilidad para hacer todo lo que Dios ha dispuesto que se haga. La Palabra de Dios en la creación liberó el poder creativo de Dios y creó todas las cosas, además es la “Palabra de Su poder que sustenta todas las cosas” (Hebreos 1:4) La Palabra de Dios no vuelve vacía, Dios la apresura para que se cumpla en nuestros días. (Isaías 55:11) (Jeremías 1:12) “Porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (2 Corintios 1:20).

La Biblia dice que “todas las promesas de Dios” son en Él Amén (así sea). Una de todas las promesas que Dios nos ha dado es la protección y la santificación –santificar es apartar, o estar separado-. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23) Somos hijos de Dios, Él nos apartó por Su santa Sangre derramada en la cruz del calvario y por la fe en Su sangre fuimos redimidos, perdonados de todos nuestros pecados,  y lavados de toda maldad (1 Juan 1:1,9) La sangre del Señor Jesucristo está viva.

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20) .

Los creyentes tenemos el derecho de entrar en la comunión de la sangre que fue derramada por nosotros y pintar- delinear- marcar- poner una línea de sangre de separación que satanás no puede cruzar. El Nuevo Pacto es mejor que el antiguo pacto, con mejores promesas y mejores atribuciones.

Estoy persuadido de que si trazamos la línea de separación con la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, ninguna plaga, como quiera que se llame, nos hará daño. Declaremos la Sangre del Señor Jesucristo con fe sobre nuestra vida, familia y bienes. El diablo y sus demonios están derrotados, el Señor los venció y la victoria del Señor, es nuestra victoria.

Esta situación no nos puede doblegar, este es el momento para que nos humillemos delante de nuestro Padre Dios y le pidamos perdón por la incredulidad y dureza de corazón hacia Su Presencia.

Este es el tiempo de Dios para el mundo, una vez termine este período de aflicción y angustia, los corazones de los incrédulos estarán sensibles para recibir el Evangelio. Intercedamos por el mundo, llevémosles las Buenas Nuevas que el Señor Jesús nos entregó.

Aunque no podamos hacer las reuniones de celebración en los templos, eso no nos detendrá para proclamar el evangelio del Reino donde quiera que nos encontremos. Esta es una oportunidad excepcional, no la dejemos pasar.

Ánimo, no desmaye, el Señor es nuestro guardador. El dijo: “No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13:5-6) .

El Señor dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra. Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo” (Isaías 41:10-13) .

BENDECIDOS, DIOS ES BUENO

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