CÓMO EXTRAER EL PODER DE LA PALABRA DE DIOS

Texto Principal: Isaías 55:11; Salmo 119:162; Salmo 1:2-3

Introducción: “La Palabra funciona en nosotros cuando nos emocionamos con ella”. (Salmo 119:162)) “Me regocijo en tu Palabra como el que halla muchos despojos”. “Estoy emocionado con lo que dices, como alguien que encuentra riqueza”.

I. PLANTE LA SEMILLA

(Lucas 8:11) “La semilla es la Palabra de Dios”. Cuando oímos la Palabra de Dios, la semilla es plantada en nuestro corazón. Luego que la Palabra de Dios haya sido sembrada en nuestro espíritu, debemos tomar tiempo para meditar en ella. Este es el paso entre sembrar y cosechar.

  1. La Biblia son los pensamientos de Dios. Dios no piensa como pensamos los seres humanos. Sus pensamientos y caminos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8-9). 
  2. Entre más meditemos en los pensamientos de Dios, más saturados estaremos de ellos y empezaremos a pensar como piensa Dios. La Palabra de Dios está viva y llena de poder.

II. ¿CÓMO REGAR LA SEMILLA DE LA PALABRA DE DIOS PLANTADA EN NUESTRO CORAZÓN?

Una de las maneras que Dios ha provisto para que los creyentes pensemos Sus pensamientos es a través de la meditación en Su Palabra. Norman Vincent Peale dijo: “Es casi como si hubiera un depósito invisible en el universo del que se puede tomar si uno tan solo obedece ciertas leyes espirituales”.

  1. La meditación en la Palabra de Dios hace que brote Su sabiduría y Su poder sobrenatural para producir resultados sorprendentes.
  • Será como un árbol plantado junto a las corrientes de aguas. (Salmo 1:2-3) “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a las corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará”.
  • (Jeremías 17:7-8 AMPLIFICADA) “Muy bendecido es el hombre que cree, confía y reposa en el Señor, y cuya esperanza y confianza es el Señor. Pues será como un árbol plantado junto a las aguas, que despliega sus raíces hacia el río; y no verá ni temerá que llegue el calor; sino que su hoja será verde, no estará ansioso ni lleno de preocupaciones en el año de la sequía, ni dejará de dar fruto”.
  • (Jeremías 17:7-8 La Biblia Viviente) “Es como un árbol plantado a la orilla del río, con sus raíces que se adentran profundamente en el agua –un árbol al que no le molesta el calor ni le preocupan los largos meses de sequía. Sus hojas permanecen verdes…”.
  • (Jeremías 17:8-9 La Biblia de Jerusalén) “Él es como un árbol junto al agua que introduce sus raíces en la corriente: cuando llega el calor no se siente alarmado, su follaje se mantiene verde; no tiene preocupaciones en el año de la sequía, y nunca cesa de dar fruto”.
  1. La meditación en la Palabra de Dios trae éxito. (Josué 1:8); (1 Timoteo 4:15) “Ocúpate es estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”. 
  2. Cuando un árbol está bien regado, se puede ver el fruto y las hojas verdes. Del mismo modo, aquellos que nos rodean podrán ver los resultados de la Palabra de Dios trabajando en nuestra vida. ¡El fruto de la bendición es muy tangible!

III. COMO MEDITAR

La meditación cristiana NO es sentarnos en el suelo con las piernas cruzadas, zumbando algo mientras vaciamos su mente. La meditación es una relación con la Palabra de Dios.

Meditar significa hablar consigo mismo, murmurar, o reflexionar. Es una conversación interna y externa. Significa estudiar, masticar, pensar, reflexionar, descubrir una cosa meditando, contemplar, cogitar y considerar. El término “cogitar” del latín “cogitare” significa pensar repetidamente, soñar, incubar una idea. 

  1. Si usted sabe cómo preocuparse o si ha sido ofendido, entonces sabe cómo meditar. Usted está pensando constantemente acerca de lo que podría ocurrir, o lo que está sucediendo, y especula sobre los resultados. ¡Y esos pensamientos afectan incluso su cuerpo y sus emociones!
  • (Filipenses 4:6-7) dice que no nos preocupemos por nada, que hagamos de esas situaciones peticiones, seguidas de acción de gracias. “Por nada estéis afanosos…”.
  • Dios promete rodear nuestros corazones con Su paz. Lo que nos corresponde a nosotros es hacer algo con nuestros pensamientos (Filipenses 4:8). Debemos empezar a alabar en lugar de preocuparnos.
  1. A través de la meditación, la Palabra de Dios se graba en nosotros y actúa para la salvación del alma (mente, voluntad y emociones) y la restauración del cuerpo (Santiago 1:21).

Conclusión: Cuando hablamos la Palabra de Dios; reflexionando sobre ella, murmurándola, considerándola, digiriéndola y soñando con todas esas grandes bendiciones que nos han sido dadas, algo sucede. Empezamos a extraer poder divino, tal y como un árbol extrae del suelo en el que está plantado. Y luego vienen los resultados milagrosos.

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