Texto Principal: Deuteronomio 28:1-2; 10:12-13; 11:26; 30:19

Predicación Pastor Enrique Torra / Mayo 10 2020

Introducción: La obediencia a Dios se equipara a la vida, las bendiciones, la salud y la prosperidad, en tanto que la desobediencia equivale a la muerte, la maldición, la enfermedad y la pobreza.

Josué, designado por Dios como el sucesor de Moisés para guiar al pueblo de Israel en la conquista de Canaán, comprendió que el cumplimiento de las promesas que Dios le había dado de bendecir a su pueblo  dependía de la obediencia. Las promesas de victoria, la entrega de la herencia, la provisión abundante, la paz y reposo, llegarían como resultado de la fidelidad y la obediencia a Dios.

I. LA DESOBEDIENCIA Y LAS CONSECUENCIAS

El pecado de Acán nos enseña que nadie vive exclusivamente su propia vida, porque el pecado de una persona afecta la vida de muchos (Josué 7:1). La desobediencia de Acán es vista como la de todo el pueblo. El pecado siempre tiene implicaciones colectivas.

  1. La desobediencia trae maldición. “Y quedaréis pocos en número, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud, por cuanto no obedecisteis a la voz de Jehová” (Deuteronomio 28:62).
  2. Por la desobediencia de Acán, murieron unos israelitas (Josué 7:5)
  3. Por la desobediencia, presencia de Dios no se manifestaba en el pueblo. Sin la presencia y la protección de Dios, se pierden las batalla de la vida (Josué 7:7).

II. LA OBEDIENCIA A LA PALABRA DE DIOS PROVOCA LA MANIFESTACIÓN DE SU GLORIA

¿Qué es la obediencia? Es el acto de cumplir con las órdenes o instrucciones de un superior. El término hebreo shama significa “prestar oído, escuchar, oír”, pero en algunas ocasiones se traduce como “obedecer”. La Biblia dice: “Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando” (Génesis 27:8).

  1. La obediencia a la Palabra de Dios provoca la manifestación de la gloria de Dios. Esa es la clave para el éxito (Josué 7:10-13; 8:1).
  2. La obediencia es la fe en acción (Santiago 2:20).
  3. La obediencia a Dios y Su Palabra, trae bendición. “Si obedecieres cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” (Deuteronomio 11:13-14).
  4. La obediencia a Dios está por encima de cualquier otro deber (Hechos 4:19).
  5. Dentro de este marco se debe obedecer a: las autoridades (Tito 3:1), a los pastores (Hebreos 13:17), los hijos deben obedecer a los padres (Efesios 6:1) y, los empleados a sus patronos (Efesios 6:5).

III. LAS BENDICIONES POR LA OBEDIENCIA (Deuteronomio 28:1-14).

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos los mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo” (Deuteronomio 28:1-3).

  1. La bendición del Señor es como lluvia o rocío (Deuteronomio 28:12; Ezequiel 34:26; Salmo 84:6; 133:3). 
  2. La bendición del Señor descansa sobre los que le son fieles: “La bendición, si oyeres los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy” (Deuteronomio 11:27).
  3. La bendición del Señor trae salvación (Salmo 3:8).
  4. La bendición del Señor trae justicia (Salmo 24:5).
  5. Vida (Salmo 133:3).
  6. La bendición del Señor se transfiere a nuestras generaciones (Deuteronomio 28:4).
  7. La bendición del Señor trae prosperidad (Deuteronomio 28:5,8,11; 2 Samuel 7:29).
  8. La bendición del Señor nos da la victoria sobre nuestros enemigos (Deuteronomio 28:7).
  9. La bendición del Señor es la delegación de la autoridad y dominio para ejercer el liderazgo (Deuteronomio 28:13)

Conclusión: La bendición es el resultado de la obediencia. Obedecer, es cumplir la voluntad de Dios expresada en Su Palabra.

Obediente es la persona que escoge creer y poner por obra los mandamientos ordenados por Dios; es cuestión de voluntad. Todos nosotros tenemos la capacidad de escoger obedecer o desobedecer. La Biblia dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a Él; porque Él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar” (Deuteronomio 30:19-20).

Comparte en redes sociales