“Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. Lucas 6:38

Apóstol Enrique Torra – Apunte Pastoral Marzo 31/2019

Algunos cristianos son motivados cuando el pastor de la iglesia presenta alguna necesidad de la obra; entonces ellos aportan una buena cantidad de dinero. Muchas veces es una ofrenda grande, muy generosa, pero eso no es lo mismo que el diezmo. Dios destinó el porcentaje mínimo que debemos destinar con regularidad para Su obra, y este porcentaje es el diezmo de todo. Si obedeciéramos este principio eterno, seríamos prosperados más allá de lo que podemos imaginar y nunca habría escasez económica en nuestras familias y en la congregación.

Abraham continúo diezmando regularmente y les enseñó este principio a sus descendientes. Sus hijos y nietos sabían que Abraham era amigo de Dios y que ambos habían hecho un pacto. Sabían que este pacto incluía el hecho de que Abraham le daba a Dios la décima parte de sus riquezas y que Dios se encargaba de prosperar todo lo que tocaba la mano de Abraham.

¿Saben sus hijos que usted tiene un pacto con Dios? ¿Ellos saben que la familia va a ser prosperada y enriquecida porque usted está empezando a separar el diez por ciento de todo para devolvérselo al Señor?

Jacob era un nieto de Abraham que vivió trecientos años antes de que la ley de Moisés fuera promulgada. Él creció en un ambiente de fe, de temor a Dios y de prosperidad financiera. Él también pagó los diezmos y fue prosperado, porque había aprendido de su abuelo acerca del valor de hacer un pacto con Dios.

Cuando Jacob salió de su casa para empezar a vivir por sí mismo no llevaba ni un centavo con él, y su vida corría peligro. Fue cuando él le hizo una promesa al Dios de Abraham. “Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer, y vestido para vestir, y si volviere en paz a la casa de mi padre, Jehová será mi Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. Gén. 28:20-22

¿Ha estado Dios con usted? ¿Dios le ha dado pan para comer y vestido para su familia? ¿Lo ha protegido en su andar diario? Si usted es consciente de la bondad de Dios para su vida, hoy es el día en que debe empezar a separar la parte que le corresponde a Dios, la que Él reclama como suya.

Veinte años más tarde Jacob regresó a su tierra. Se había ido solo y regresaba con una familia numerosa; salió sin un centavo y volvió siendo enormemente rico; se fue porque su hermano quería matarlo, y ahora ese mismo hermano sale a recibirlo con abrazos y besos; se fue siendo un mentiroso y un engañador y regresó siendo un príncipe de Dios. La familia de Jacob fue restaurada, sus finanzas se multiplicaron y su alma prosperó.

El Dios de Abraham siempre nos da mucho más de lo que pedimos. Sus principios son eternos y Su Palabra no puede ser quebrantada. Hónrelo y Él le honrará. Jacob recibió muchísimo más de lo que había pensado y pedido a Dios, usted también lo recibirá. “Y Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. Efesios 3:20

Estas verdades están renovando su mente y lo están trayendo al lugar de la fe, de la obediencia, de la generosidad y la gratitud. Lo están trayendo al lugar donde Dios puede bendecirlo.

Su mente carnal no puede comprender cómo hará Dios para prosperarle. No puede ni siquiera imaginar de dónde van a salir los recursos que Dios le dará para que usted sea su banquero. Eso no importa porque estas leyes no dependen de que las entendamos, sino de que las obedezcamos. Dios nuestro Padre es fiel, “Su palabra no vuelve vacía” Isaías 55:11. Si Dios lo dice, él lo hará. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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