Existe un tema en la Biblia que ha sido cerrado para muchas personas porque satanás ha levantado una fortaleza en la mente de miles de creyentes para evitar que éstos le den a Dios lo que él reclama como suyo.

Apóstol Enrique Torra Marzo 10/2019

En Marcos 12:14 unas personas muy religiosas le preguntaron a Jesús si debían o no pagar sus impuestos a las autoridades romanas. La respuesta del Señor está en el versículo 17 “Dad al César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”.

Los avaros y los ignorantes han explicado así estas palabras: a César, o sea al gobierno, hay que darle el dinero de los impuestos y tributos; y a Dios hay que darle oraciones y cantarle. Usted no caerá en esa trampa del diablo porque ya sabe que Dios es el dueño del oro y de la plata, y que de Él es la tierra y su plenitud.

Ahora bien, cuando Jesús enseñó que debemos darle a Dios lo que es de Dios ¿significa eso que debemos dar todas nuestras posesiones y dinero para la gloria de Dios? Desde luego que no.

El Señor estableció un pacto, y determinó un mecanismo financiero para que sus hijos manejen las posesiones que él les confía y funcionen aquí en la tierra como banqueros suyos, fieles y eficientes. De hecho, Dios demanda como suya sólo una pequeña parte de los bienes que nos confía.

El Padre celestial ha establecido un porcentaje que reclama como suyo. De todo lo que llega a nuestras manos, ya sea dinero, tierra, ganado o cualquier otra posesión; Dios dice que el diez por ciento le pertenece a Él. Esa es la parte a la que Jesús se refería cuando ordenó dar a Dios lo que es de Dios.

El Señor sabe perfectamente que usted tiene pagos que cubrir, una familia que mantener y deseos de su corazón que quiere satisfacer. Por eso él decretó que de todo lo que pase por sus manos usted puede conservar el noventa por ciento para su uso personal.

En Deuteronomio 14:22 Él estableció un método para probar la fidelidad y honradez de sus banqueros al exigirles que “indefectiblemente diezmarás”. Si usted busca un diccionario lo que significa la palabra indefectible, notará que se define como “lo que no puede faltar ni dejar de ser”. El diezmo entonces es la parte que no puede faltar ni dejar de ser en la vida de aquellos que realmente desean prosperar a la manera de Dios.

En Levítico 27:30 se encuentra este principio: “El diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová”. Si el diezmo es de Jehová, y es cosa dedicada a Él, ahora ya usted sabe a qué se refirió Jesús cuando ordenó “dad a Dios lo que es de Dios”.

Imagínese, Dios que es el verdadero dueño de todas las cosas, nos permite conservar el noventa por ciento de las riquezas que recibimos para que las utilicemos como creamos conveniente. Él solamente exige el diez por ciento de todo lo que nos entrega. Y aún así, Satanás ha influido para que algunos se rebelen contra el orden de Dios. El enemigo ha levantado fortalezas en la mente de algunos creyentes para que las verdades de Dios no puedan libertarlos.

Pero Dios nos ha dado Su Palabra y la Unción del Espíritu Santo, y estas son las armas espirituales más poderosas que existen para renovar nuestra mente y sujetar los pensamientos de rebelión y avaricia. En 2 de Corintios 10:45 Pablo escribió: “Las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo”. Satanás siempre intentará traer falsos argumentos a nuestra mente, pero la infalible Palabra de Dios los derribará y nos hará libres. Hagamos lo que Dios dice que debemos hacer; Dios hará lo que él dice que va a hacer. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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