La Biblia nos habla acerca del final de aquellos que se enriquecen sin tomar en cuenta el Plan de Dios para sus vidas. Job 27:19 y 20 dice: “Rico se acuesta, pero por última vez; abrirá sus ojos y nada tendrá. Se apoderará de él terrores como aguas; torbellino lo arrebatará de noche”.

Apóstol Enrique Torra / Enero 13 2019

Que cuadro tan triste. Para estas personas llega la última noche de su vida y ellos no lo saben. Han contado sus posesiones y se consideran ricos, pero llega la muerte, abren sus ojos en la eternidad y descubren que no tienen nada allí. Entonces se aterrorizan y angustian, pero ya no pueden cambiar su situación. El versículo 16 de este mismo capítulo dice que estas personas acumularon durante su vida plata como polvo y trajes innumerables. “Aunque amontonen plata como polvo y prepare ropa como lodo;”. Y el versículo 17 dice que “La habrá preparado él, más el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata”. Ahora podemos ver que la verdad de Proverbios 13:22 está funcionando, este versículo dice: “La riqueza del pecador está guardada para el justo”.

Cuando la prosperidad es según el orden bíblico, empieza con lo eterno y termina siendo eterna. Empieza con la prosperidad del alma y se manifiesta utilizando los recursos económicos para la predicación del evangelio eterno. Esas riquezas que invertimos en la obra de Dios jamás se pierden ni se desperdician, porque Dios mismo las acredita en una cuenta a nuestro nombre, allá en la eternidad.

El Señor Jesucristo se refirió a esto en Mateo 6:20 “Haceos tesoro en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan”. Eso es prosperidad eterna. El justo muere, abre sus ojos en la eternidad y allá le está esperando el tesoro que acumuló durante toda una vida de generosidad, de dar y sembrar en la obra del Señor nuestro Dios.

Notemos que gran diferencia existe entre la muerte del incrédulo y la del creyente. Debe ser espantoso vivir entre terrores, preocupado por la inflación, por los ladrones, por las quiebras bancarias, por los empleados deshonestos, por el pago de los impuestos y por el alto costo de vida para luego morir y descubrir que no se tiene absolutamente nada en la eternidad.

En cambio, en el Salmo 112:7 dice la Biblia que el justo “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. Y esto es así porque él ha hecho un pacto con Dios. El justo se preocupa por la obra del Señor y el Señor se ocupa de proteger y aumentar las posesiones del justo.

Sin terrores y sin angustias, porque de acuerdo a Proverbios 10:22 “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. Ojalá su mente continúe renovándose por la Palabra de Dios para que comprenda que existe una enorme diferencia entre una persona que solo posee bienes materiales y alguien que en realidad esté siendo prosperado por Dios. Como dice el antiguo proverbio: “No hay nadie más pobre que aquél que sólo tiene dinero”.

Las riquezas del justo son eternas. Se invierten en una obra eterna y las encontrará aumentadas en la eternidad. En Mateo 25:14-30 el Señor nos refirió una parábola acerca de lo que ocurrirá con aquellos que hayan administrado con fidelidad las posesiones que Él les encomendó. A quienes hayan sido buenos banqueros el Señor les dirá en aquel día: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”.

Esto significa que en la eternidad seremos puestos sobre lo mucho, y que nuestro fruto permanecerá. El Salmo 1 dice que todo aquel que se deleita y obedece la Palabra del Señor “Será como árbol plantado junto a las corrientes de agua, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará”.

Cuando renovamos nuestra mente y empezamos a ser liberados de la miseria y la avaricia por el conocimiento y la obediencia a la Palabra de Dios, estamos listos para convertirnos en gente que se ocupa de los negocios del Padre. Entonces podremos prosperar en esta vida y recibir aprobación y recompensa en la eternidad. Eclesiastés 7:8 dice: “Mejor es el fin del negocio que su principio”.

Seamos fieles a partir de hoy. Seamos dadores generosos y sembremos semilla abundante. Multipliquemos lo que el Señor ha puesto en nuestras manos, y así entraremos en una nueva dimensión de gozo en el Señor. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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