Usted es un sediento de la Palabra de Dios y estoy seguro que en su interior siempre ha existido un anhelo por ver a su familia prosperada, disfrutando de salud y bienestar espiritual.

Por Apóstol Torra

Es posible que a estas alturas, usted ya haya hecho el pacto de bendición con Dios. Usted le pagará los diezmos de todo porque sabe que no son suyos; y Él reforzará la muralla de protección alrededor suyo, de su casa, de su familia y del trabajo de sus manos para que sus bienes se multipliquen sobre la tierra. Esta fue la manera como el Señor protegió a Job y satanás expresó su inconformidad ante Dios “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo o que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra” Job 1:10 De esta manera el Señor está trabajando con sus hijos hoy.

El concepto que Abram tenía de los diezmos era muy centrado en la Palabra de Dios, él comprendió que los diezmos le pertenecen al Señor Dios Altísimo y que son invertidos en la obra de Dios. La Biblia dice: “Melquisedec, Rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”. Génesis 14:18-20  Abraham le entregó los diezmos de todo porque comprendió que la fuente de su prosperidad era Dios y no los reyes de Sodoma.

Ahora que usted ha ratificado el pacto con Dios de entregarle los diezmos, se estará preguntando: ¿Qué hacer con los diezmos?

Los diezmos deben ser llevados a la iglesia, a la casa de Dios. Al lugar donde le ofrecen el pan y el vino y lo alimentan con la Palabra de Dios. Si su iglesia está muerta y sin visión, o si no confía en la integridad de quienes administran los fondos, entonces usted debe hablar sinceramente con ellos, y pedirles su bendición para moverse a otra iglesia donde si se cumplan estos requisitos.

Lo que no puede hacer es seguir participando del pan y del vino, seguir alimentándose con la Palabra de Dios y vivir bajo la cobertura espiritual de sus ministerios para luego decir que no paga sus diezmos porque no está conforme como administran la iglesia.

Recuerde, la Biblia dice: ¡Indefectiblemente diezmarás! En realidad los diezmos no le pertenecen a la iglesia, ni a los ministros. Levíticos 27:30 enseña que el diezmo es de Jehová, es cosa dedicada a Dios.

Usted no le paga los diezmos a la iglesia. Se los paga a Dios, porque le pertenecen a Él.

El asunto es que debe entregarlos a alguien aquí en la tierra, en su congregación, pero Dios toma nota allá en el cielo y los acredita en una cuenta personal que existe en la eternidad.

Hebreos 7:8 aclara este principio cuando afirma que “Aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales, pero allá uno de quien se da testimonio de que vive”.

Observe que sus diezmos son contabilizados en dos ocasiones. Una vez aquí, en la tesorería de su congregación, y la segunda allá, en los registros celestiales.

Apocalipsis 5:12 dice que “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y las riquezas. Para tomar las riquezas se necesitan manos. Las manos pertenecen al cuerpo y la iglesia es el Cuerpo de Cristo operando en la tierra.

Los diezmos son de Él, pero las manos que lo recogen deben pertenecer a la iglesia. ¡Aleluya! Gocémonos porque llegó el tiempo de la abundancia de pan en la casa de Dios.

ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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