APUNTE PASTORAL

El tema de la prosperidad financiera ha causado confusión y problemas en la iglesia cristiana. Por una parte muchos creyentes suponen que la pobreza tiene algún mérito delante de Dios, que las riquezas son malas en sí mismas y que una persona rica no puede vivir consagrada al servicio de Dios.

Por Pastor Enrique Torra

Por otra parte, algunos predicadores han enseñado que ser prospero significa vivir en mansiones, atesorar millones de pesos y manejar muy costosos autos.

Los primeros olvidan la enseñanza bíblica. Piense en Job, Abraham, Isaac, Jacob, José, Salomón, José de Arimatea, las mujeres que servían a Jesús con sus bienes y tantos otros creyentes que manifestaron su consagración y amor a Dios a través de sus posesiones materiales.

Los segundos quieren prosperar con propósitos egoístas. Sus vidas son egocéntricas. Giran alrededor de sí mismos. Ellos dicen: “quiero prosperar para tener un automóvil más lujoso que el de mi vecino, una mansión como las de las estrellas de cine, vacaciones cada tres meses en lugares exóticos”, y cosas por el estilo.

Lo último que pasa por sus mentes es que Dios les ha dado el poder para hacer las riquezas con el propósito de que Su reino se extienda por medio de la predicación del Evangelio. A esta clase de personas se les puede aplicar la amonestación de (Santiago 4:3) “Pedís, y no recibís porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.

Si vamos a prosperar hasta el nivel que Dios quiere, primero tenemos que demostrar que somos administradores eficientes de los recursos que Él está deseando poner en nuestras manos. ¿Cómo podemos demostrar nuestra capacidad y fidelidad como administradores?

Empezando a ser fieles ahora mismo. No importa que tan escasos sean los recursos que tenemos en este momento, debemos empezar a sembrar lo poco que tenemos si es que realmente deseamos que el Señor confíe más de sus riquezas en nuestras manos.

Este principio lo estableció el Señor Jesús en (Lucas 16:10) cuando afirmó que “El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel”. Dios está buscando en todo el mundo a hombres y mujeres íntegros. Él busca administradores fieles, personas a las que pueda bendecir confiándoles dinero y posesiones para que funcionen como sus banqueros aquí en la tierra.

Quizá usted pueda llegar a ser una de esas personas. Examine la motivación en su corazón. Todos los seres humanos deseamos prosperar, incluso los inconversos. Lo que hace la diferencia es la respuesta a esta pregunta: ¿Para qué deseamos prosperar? Dios no puede ser burlado. Muchas personas tratan de engañarlo diciéndole: “Bueno Señor, ahora estoy pobre y no puedo invertir en tu obra, pero cuando tú me prosperes ya daré grandes cantidades de dinero para la iglesia”.

Pero la ley espiritual que gobierna estas transacciones ya fue establecida por el Señor Jesús cuando dijo que si usted no puede ser fiel y moverse en obediencia con lo poco que tiene ahora, Dios nunca le confiará nada más grande. 

Entiende de una vez que la prioridad de Dios no es que usted tenga una piscina o que conduzca un lujoso auto del último modelo, sino que millones de seres humanos escuchen el Evangelio y sean salvos. El problema es que para lograr esa meta se necesitan recursos financieros en abundancia.

Por esa razón Dios está estableciendo sus banqueros en este mundo. Gente que tome recursos de mano de los incrédulos y los canalice hacia los negocios del Padre, hacia la extensión del Reino de Dios. (Proverbios 13:22) afirma que “La riqueza del pecador esta guardada para el justo”. Ese ha sido siempre el Plan de Dios.

Esta es la Palabra de Dios. Deje de envidiar a los pecadores que prosperan. Arregle sus prioridades y Dios empezará a hacer transferencias, a tomar el dinero de los injustos y ponerlo en manos de aquellos que han mostrado ser administradores fieles. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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