Cuando damos para la obra del Señor, debemos tener la fe de recibir al ciento por uno. Una más de las ideas religiosas que nos inculcaron es la que debemos dar desinteresadamente. Que estamos obligados a dar sin esperar a cambio algo.

Por Pastor Enrique Torra

Esta idea suena muy mística, parece correcta y espiritual; pero es totalmente falsa. Mire lo que Jesús dijo: “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo” (Lucas 6:38). 

Estas son las palabras del Maestro Jesús de Nazaret, así que olvide lo que otros le han enseñado y créale a Él. La ley espiritual de dar para recibir funciona de manera tan eficaz como cualquiera de las leyes físicas que rigen el universo. 

La ley de la gravedad dice que si usted sube a la azotea de un edificio de diez pisos e intenta caminar por el aire se romperá la cabeza. Ahora bien, usted puede aceptar por fe lo que le acabo de decir, o puede intentar comprobarlo experimentalmente.

Jesús enseño que si una persona da, no podrá evitar recibir. Y le darán mucho más de lo invirtió originalmente. Note las palabras que Lucas usó para describir la cosecha que será devuelta a los dadores: Buena, apretada, remecida y rebozando.

Dios mismo da con la esperanza de recibir. (Juan 3:16) enseña que el Padre dio a Su Hijo unigénito con la fe de recibir a cambio millones de hijos e hijas. Es totalmente bíblico dar con la fe de recibir. 

Miremos por un momento la escena en la cual Pedro le preguntó a Jesús: “He aquí nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿Qué pues tendremos?” (Mateo 19:27) Los discípulos habían dejado casas, barcos, redes y negocios por causa de Jesús. Ellos lo habían invertido todo para predicar el evangelio del Reino, y ahora Pedro cuestionaba con franqueza a Jesús acerca de la recompensa que debían esperar. 

Lo interesante es que el Señor no lo reprendió por su esperanza de recibir algo a cambio, sino que más bien le hizo una maravillosa promesa: “Cualquiera que haya dejado casas, parientes o tierra por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna” (Mateo 19:29).

Cada vez que demos, debemos esperar recibir multiplicado lo que sembramos. Decir que nosotros damos para Dios y que no esperamos recibir nada a cambio no es una muestra de espiritualidad, sino de ignorancia con respecto a los principios financieros de la Biblia.

Jesús ocupo todo su ministerio en dar. Dio sanidad, liberación, perdón, alimentos y lo más importante, dio su vida en rescate de muchos. Pero Él también estaba dispuesto a recibir: recibió los panes y los peces de aquel joven, recibió el dinero que Judas administraba, recibió los bienes de las mujeres que lo seguían, alojamiento, comida, perfume, un pollino y también recibió el privilegio de ser declarado Señor y Cristo.

Damos para recibir y nadie puede escapar de esa poderosa verdad espiritual. Un texto más del Nuevo Testamento que nos confirma este principio de recibir multiplicado cuando damos ofrendas para la obra del Señor está en (Hechos 20:35), el apóstol Pablo afirma que debemos recordar “las palabras del Señor Jesús, que dijo: más bienaventurado es dar que recibir”. 

Estas palabras de Jesús no aparecen registradas en ninguna parte de los Evangelios. Sin embargo, el Espíritu de Dios las consideró tan importantes que se las reveló a Pablo para que pudieran llegar hasta nuestra vida. Jesús afirmó que aquellos que dan son bienaventurados, es decir, felices y dichosos. Y una de las razones para esta felicidad es porque el mismo Dios se encargará de utilizar muchas formas diferentes para que lo que ellos dieron vuelva multiplicado hasta sus manos. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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