“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Este principio  lo llamamos LA SIEMBRA Y LA COSECHA, es el principio de la calidad.

Por Pastor Enrique Torra Julio 05/2020

Es tan sencillo que hasta un niño puede comprenderlo, pues significa que usted cosechará el mismo tipo de cosas que sembró. Si plantó fríjoles sería estúpido esperar una cosecha de arroz. Si sembró café, bajo ninguna circunstancia podrá cosechar trigo. Parece elemental, ¿verdad? Pues no lo es tanto.

Millones de cristianos que están en necesidad económica hacen largas oraciones para que sus circunstancias mejoren, algunos ayunan, asisten a congresos, viajan a trabajar a otros países o hacen cualquier cosa excepto lo más obvio: comprender que si quieren levantar una cosecha de dinero nunca lo lograrán sembrando oración, ayuno o alabanza. Si desean cosechar dinero, deben sembrar dinero.

Desde el primer capítulo de la Biblia Dios estableció un principio que tendría validez eterna: Las cosas creadas se reproducen únicamente según su género. 

Si alguien tiene una finca y jamás ha plantado allí una sola semilla puede orar años enteros, puede ayunar hasta morir de hambre, puede alabar y danzar durante meses sobre ese terreno, puede traer a sus amigos y evangelizarlos sobre esa propiedad, puede recitar la Biblia entera, y les aseguro que nunca se levantará cosecha alguna de ese lugar. Todo lo que el dueño de la finca hizo era bueno y correcto en otras circunstancias, pero olvidó hacer lo más importante: tenía que plantar la semilla.

Esto no es un asunto acerca del poder de la oración, la validez del ayuno o la importancia de la alabanza. Lo que está en discusión es un principio eterno: la cosecha siempre será de la misma calidad de la semilla que sembramos.

Si usted desea ser respetado, empiece por respetar a los demás. Si desea ser amado, dedíquese a amar a los que lo rodean. Si desea prosperar financieramente, entonces debe sembrar dinero en la obra de Dios.

El segundo principio que entra en el juego es la cantidad. La Biblia dice: “Pero esto digo: el que siembra escasamente también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”. (2 Corintios 9:6).

Notemos que Dios no es una persona complicada. Sus principios son sencillos, fáciles de comprender y de aplicar. Lo que Él está diciendo es que la cosecha que levantamos siempre será proporcional a la cantidad de semilla que hayamos plantado. Si yo siembro dos granos de arroz, estoy seguro de que no voy a necesitar comprar una cosechadora para levantar la producción. Pero si alguien ha sembrado cien hectáreas de arroz, sería mejor que no fuera a recoger la cosecha con una bolsita plástica en la mano.

Si este principio es verdadero, y yo lo creo que lo es, hágase una pregunta: Si quiero prosperar financieramente ¿Cuál es el factor que decide hasta donde lo voy a hacer? ¿Quién es el que le pone límites a nuestra prosperidad?

Estamos viviendo en los tiempos finales, miles de millones de personas necesitan ser alcanzados con el Evangelio. La tarea más urgente de la iglesia de Cristo alrededor del mundo es saturar a las naciones con las buenas noticias de la salvación, y para lograrlo se necesitan enormes recursos financieros.

Una de las razones por las que Dios quiere prosperar a sus hijos es para que “abunden en toda buena obra”    (2 Corintios 9:8) ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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