“Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mi primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la tinaja menguó, conforme a la Palabra que Jehová había dicho por Elías”. 1 de Reyes 17:13-16

La viuda de Sarepta de Sidón tuvo que darle al profeta Elías una torta pequeña del poquito de harina y aceite que le quedaba para entonces recibir el milagro de la multiplicación de la harina y el aceite. De esta manera esta mujer conservó su vida y la de su hijo. 

Ella activó la ley de la siembra y la cosecha, Dios honró la fe de esta mujer y le dio toda la provisión que ella y su hijo necesitaron para vivir toda la vida en abundancia.

Jesús recibió unos panes y unos pececillos. Luego de orar y dar gracias los partió y dio de comer a una multitud de miles de personas. Al final sobraron doce canastas llenas de panes y peces. ¿De dónde vinieron los primeros panes y peces? De un jovencito que decidió creerle a Dios y puso en las manos de Jesús lo que tenía. ¿A dónde fueron las doce canastas de panes y de peces que sobraron después que la multitud se alimentó hasta quedar saciada? Seguramente fueron a las manos del jovencito que dio su alimento al Señor. Esta fue la recompensa que Dios le dio a este joven de fe. Cuando usted da por fe en la Palabra de Dios esa dádiva es una semilla que se multiplicará milagrosamente.

La Biblia dice: “Cada uno de cómo propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de  que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra”. Como está escrito: “Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de vosotros acción de gracias a Dios”. (2 Corintios 9:7-11).

¿Ha pensado lo que son los frutos de justicia? Esos frutos son sus dádivas y esos frutos son los que Dios quiere aumentar. Usted es un hijo de su justicia y sus frutos o dádivas ayudarán a establecer el Reino de Dios aquí en la tierra. ¿Cuántos niños mueren sin medicinas y sin alimentos? ¿Cuántas naciones subdesarrolladas gimen a causa de tanta necesidad? Nosotros somos los hijos de Dios. El tiene un programa de prosperidad, un sistema para multiplicar Su bendición.

Cuando haya tomado la decisión en su espíritu de ser un ayudador para la gloria de Dios, toda su vida habrá cambiado. Vivirá para dar, y mientras más de, más vivirá.

Haga esta oración: “Padre, en el nombre de Jesús te alabo porque comprendo que Tú quieres que yo sea prosperado. Te doy gracias porque Tú aumentarás mis frutos de justicia y yo viviré la vida abundante y disfrutaré de Tú Reino aquí en la tierra. Me comprometo a seguir la dirección de Tu Espíritu y a cambio bendecirás toda obra de mis manos. En el nombre de Jesucristo, Amén”. 

ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO

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