“Renovaos en el espíritu de vuestra mente” Efesios 4:23

Apunte Pastoral – Apóstol Enrique Torra

Usted tiene el derecho de pensar en grande. La misma intensidad mental que necesita para pensar en cosas pequeñas, es la que necesita para pensar en grande. La intensidad que necesita para pensar en un carro viejo, usado o de peor clase, es la misma que necesita para pensar en un carro nuevo de mayor comodidad. La intensidad que necesita para pensar en un trabajo o negocio pequeño y sin oportunidades, es la misma intensidad que necesita para pensar en un trabajo o negocio verdaderamente productivo. 

Por lo tanto, comience ahora mismo. Piense en un negocio más amplio, en mejores oportunidades, en planes y proyectos de mayor envergadura. 

Haga el hábito de pensar en cada cosa que lo rodea y en cómo se puede mejorar o cambiar. Y, sobre todo, recuerde que Dios está en usted siempre. Cuando haga esto, se sorprenderá al ver como Dios le abrirá las puertas del éxito y la victoria. A partir de hoy ensaye su poder de pensar en grande. Ponga a Dios en todos sus pensamientos, pues nada puede ser más grande que El. 

Cuando Abraham le pidió a Dios un hijo, Dios le indicó que saliera de su carpa y lo puso a contar las estrellas. ¿Para qué? Para que su mente cambiara, para que pensara en grande. Al ver que no podía contarlas todas, Dios le dijo: “Así será tu descendencia”. 

El salmista David dijo: “¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos” Salmo 92:5

El autor francés Edmundo Rostand dijo a través de su personaje “Cyrano y Bergerac”; “No me traigan hombres, tráigame gigantes”. Debido a que nosotros fuimos creados a la imagen de Dios tenemos el derecho de pensar en grande.

Pero no es pensar de vez en cuando, sino siempre, en cada cosa, en cada momento. Detengámonos a repasar nuestros pensamientos, para ver si son grandes, y si no lo son, cambiémoslos. Todo se puede mejorar, superar o cambiar; pero el primer cambio comienza en nuestro modo de pensar.

Dios llevó al profeta Ezequiel al desierto. Allí le mostró un valle de miles de huesos secos. El profeta dijo que los huesos “eran secos en gran manera”. Un cuadro como este no estimularía la mente a pensar positivo ni al más formidable pensador. Lo único grande que el profeta pudo pensar fue que eran secos en gran manera Ezequiel 37:2 entonces Dios para cambiarle los pensamientos al profeta le preguntó: “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? El profeta no podía imaginárselos vivos. 

Se requiere imaginación, se requiere deseo, pero sobre todo, se requiere fe para poder comenzar a pensar en grande. Dios le dijo al profeta: “Profetízale a los huesos; diles que se unan cada hueso con su hueso, que suban tendones y nervios, y carne y piel”. Cuando el profeta obedeció, cuando estuvo dispuesto a abandonar sus pequeños pensamientos, sus dudas y temores, cuando aceptó el reto y dio la orden, toda la tierra se estremeció y los huesos comenzaron a unirse cada hueso con su hueso, y subió la carne, nervios y tendones y piel. Y dijo el profeta: estuvo delante de mi un gran ejército”. Sin embargo, no tenían espíritu. Entonces Dios le dijo al profeta que reclamara al espíritu que viniera de los cuatro vientos. Cuando el profeta lo hizo, se escuchó un estruendo el de un viento recio, y el espíritu penetró en cada cuerpo. “Y vivieron”. 

¡Esto si es pensar en grande! Pensar que podemos reclamar vida para aquellos que están muertos espiritualmente. Que podemos cambiar aún las estructuras tradicionales de nuestra sociedad. Pensar que no hay limites, que si podemos creer, “para el que cree, todo le es posible”. Haga usted también el ejercicio mental de pensar en grande, recuerde, con Dios todo es posible. ESTA ES UNA BUENA SEMANA, LOS BENDIGO.

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